
Universidad Tseyor de Granada (UTG) Granada (España)**
CONVERSACIONES INTERDIMENSIONALES
Tarragona – Sala del Ágora del Junantal (Paltalk)
Núm. 1068, jueves 9 de julio 2020

El castaño de la abundancia
“Hay un factor, un tercer factor muy importante a tener en cuenta: cuando una sociedad se socializa en un nivel de justicia social equilibrada, ecuánime y para todos igual, desaparece muy mucho el factor posesión, el factor querer, el factor desear. ¿Por qué? Porque los bienes están a disposición de todos por igual, porque todo el mundo pone el mismo esfuerzo para conseguirlos.” Noiwanak. Comunicado 1068.
En la reunión del Ágora del Junantal de hoy, hemos estado leyendo el anexo del comunicado 1060, que contiene la Mesa Redonda sobre las Sociedades Armónicas de la pasada convivencia del Muulasterio Tseyor La Libélula; estando comentando el aspecto de la educación en las sociedades armónicas, Noiwanak nos ha dado el siguiente comunicado.

1068. UNA SOCIEDAD ARMÓNICA ES UNA DEMOCRACIA PURA
Amados, soy Noiwanak.
Todo conforma un gran cuadro escénico, en el que los espectadores observan a su vez su propio desarrollo evolutivo, se reflejan en sus propios espejos y van obteniendo conclusiones. A veces muy interesantes, otras no tanto, pero en definitiva las conclusiones están. Y, tarde o temprano, señalan un funcionamiento orgánico que permite, a terceros también, obtener conclusiones.
Eso es, a veces, en ese cuadro de actores en los que se interpreta una obra que es la vida cotidiana de cada uno y de todos en general, en ocasiones de esa propia vida, hay parcelas que uno mismo al interpretarlas tampoco las entiende, no llega a comprenderlas. Pero eso queda en el aire, eso circula constantemente, esa energía va trabajando en las mentes de todo atlante, y tarde o temprano se conecta y recibe un input obviamente de entendimiento y comprensión. Por lo tanto, nada se pierde, todo se aprovecha.
Es muy importante trabajar e interpretar, porque de esa forma damos a los demás otro poquito de nuestro conocimiento o de nuestra interrogante o de nuestra ignorancia también.
Por eso el teatro es un instrumento tan importante para la cultura, porque de él aparece mucho conocimiento, que de otra forma quedaría en el olvido, y en cambio es posible, escenificando una obra, por medio de un guion o de un libro o de una historia, trasladarla a los demás. Y esta función tan interesante e instructiva la cumple perfectamente el teatro.
Así que trabajemos todos haciendo teatro, si es necesario, sabiendo también que en dicho teatro obtendremos una lección, un aprendizaje y, si no es para nosotros mismos, será para los demás. Pero trabajemos pensando en que algo va a servir nuestra actuación.
Con esto se llega a la conclusión de que ninguna vida es porque sí, ninguna existencia de ninguno de nosotros es banal, sino que es importante la vida de todos y cada uno de nosotros como consecuencia de que está viviendo, y no por casualidad, una historia.
Una historia que por medio de los campos morfogenéticos funcionará por siempre. La memoria global estará siempre presente, porque indudablemente se habrán alcanzado, en algún momento, estados de contemplación, de intuición, de inspiración. Y esto formará parte del colectivo global universal, eternamente.
Así que, ya veis, no se pierde nada en este gran huerto, ni después de la siembra se pierde nada, porque queda la paja, e incluso de la paja pueden obtenerse rendimientos, si sabe aprovecharse adecuadamente. Porque nada cambia, nada se pierde, todo se transforma. Esto es la energía, en definitiva, la energía que siempre perdurará a lo largo de los años y a lo largo de la eternidad.
Y claro, ahí en este punto querría detenerme, en un punto cualquiera de dicha eternidad, y hablar de lo que hemos venido hablando en este comunicado y muchos otros, con referencia a las sociedades armónicas.
Toda unidad de pensamiento inteligente, todo grupo inteligente, tiene el derecho y la oportunidad de trabajar unido, como es obvio, para trasladar a los demás, y entre todos, mediante la retroalimentación oportuna, el conocimiento.
Así las sociedades avanzan, porque se transmite el conocimiento de unos a otros, y esto es evidente y obvio que es así, y por lo tanto no hace falta demasiado hablar sobre ello, de la importancia que tiene la unión de pensamientos, la acción en común y el trabajar comunitariamente.
Y cuando esto se produce, hay un punto en el que las sociedades pueden alcanzar altos grados de vibración muy rápidamente, o bien enlentecerse y por siglos permanecer en un gran ostracismo, en una gran ignorancia.
Ya veis lo fácil que puede ser, en ese ascenso hacia la unidad de pensamiento global: un grupo de hombres y mujeres se conforman como tal y tienen la oportunidad de avanzar rápidamente hacia la comprensión, hacia la intuición, hacia la creatividad.
O bien detenerse y, en base a subidas y bajadas, entretenerse demasiado, frenando demasiado su carácter evolutivo, global. Y pueden suceder dos cosas: que tarde o temprano encuentren el hilo continuador, para la ascensión, o bien definitivamente desaparezcan como tales grupos humanos inteligentes.
Es muy importante, pues, en el momento en que las sociedades se conforman, empezar con buen pie. Sí, es muy importante empezar con buen pie. Por lo tanto, ha de empezarse con mucha cautela, con mucha prudencia, y siempre pensando en los demás, siempre pensando en el conjunto global.
Cuando de tomar una decisión se trate, que afecte obviamente a la comunidad, uno siempre pensará en cómo va a afectar tal o cual decisión a la comunidad propiamente, y no a uno mismo, como tal dirigente.
Porque tomar decisiones y llegar a obtener ideas, esto es relativamente fácil. Lo difícil es encauzar muy bien dichas ideas. Ideas que vienen de la adimensionalidad, a estas me refiero, porque las ideas a nivel egoico, estas no tienen más importancia, son pasajeras, temporales y por lo tanto tarde o temprano desaparecen.
Pero las ideas que se obtienen de la adimensionalidad, de un carácter interior, inspirador, creativo, estas ideas es muy importante, al recogerlas y trasladarlas a la parte intelectual, aquí en esta 3D, saber exactamente si la conformación de las mismas o la puesta en marcha o realización de dichas ideas, va a favorecer al conjunto humano por igual o solamente al que ha tenido la idea o a un pequeño grupúsculo, que conforma el ambiente del que ha tenido la idea. Porque si es esto último, se crean las élites.
Y normalmente esas ideas, al ponerse en marcha y ser fruto únicamente pensando en una determinada élite, obviamente va a ser su resultado subjetivo y puede que no cuaje. Y mayormente, las ideas así producidas y llevadas a la práctica, normalmente perjudican a la colectividad más que a una mejora de la misma, en cuanto a la puesta en marcha de dichas ideas.
Me explicaré un poco más profundamente, tal vez con más sencillez, y deciros que penséis exactamente qué significa una sociedad armónica. ¿Qué queremos decir al hablar de sociedad armónica?
¿Una sociedad que funciona equilibradamente? Sí.
¿Una sociedad para todos igual? Sí.
¿Una sociedad justa? Sí.
¿Una sociedad en la que todos se consideran hermanos y hermanas? Sí.
¿Una sociedad en la que hay un justo equilibrio entre sus componentes? Sí, también.
¿Una sociedad en la que no hay injusticia? Sí.
En fin, una sociedad armónica es un sí constante, cuando las preguntas se generalizan de este modo y se lleva a cabo, su respuesta, mediante esas preguntas, que por obvias han de conducirnos al sí.
Entonces, si una sociedad armónica, o las sociedades armónicas en general, han de ser un complemento del sí, quiere decir que todo es afirmativo, que no hay nada negativo, por tanto, una sociedad armónica no será desequilibrada, una sociedad armónica no será injusta, etc. etc. Por lo tanto, una sociedad armónica será un sí, un sí muy rotundo.
Ahora bien, vayamos a lo práctico. ¿Cómo lo ponemos en práctica y en marcha, teóricamente claro está, y empezar por algo, por algún punto en el que se nos permita recoger el hilo que queda pendiente para trabajarlo, para ordenarlo y para tejer en realidad un tejido social completo y armónico?
Pues empecemos por decir, y podríamos decirlo también con un gran sí, que una sociedad armónica es la democracia pura. Y preguntaremos: ¿la sociedad armónica es una democracia pura para serlo? Y diremos: sí.
Entonces, si la sociedad armónica es democracia pura, y democracia pura quiere decir que todo el mundo es igual, que tiene los mismos derechos, ahí nos damos cuenta, en un principio, que nuestras sociedades actuales, las vuestras en este caso, no serán armónicas. Porque, desde luego, hay un gran desequilibrio social, en todos los aspectos.
Por lo tanto, ved qué dificultades puede haber para conseguir esa igualdad, el que todos seamos iguales, con los mismos derechos y oportunidades. Ved que esto no es posible aún, que queda mucho trecho por llevar adelante.
¡Ah!, y entonces aparecen aspectos que pueden llevarnos también a la confusión, y de hecho al error. Y por una mala praxis tal vez, se han vuelto elementos desconsideradamente antisociales, pretendiendo precisamente una labor social, justa, equilibrada, ecuánime, unitaria.
Eso nos indica también que no todos los buenos deseos llegan a alcanzarse, y por aquello que se dice de que “el infierno está lleno de buenas intenciones”, también podría ser un buen argumento en este caso para poner en el cubo de la basura dichos planteamientos sociales y con un ideal de unidad, de comprensión, de igualdad, de justicia, en todos los aspectos, y así en un largo etcétera.
Entonces, en algún punto de ese hilo por recoger y empezar a tejer, habremos de empezar por algo. Y empezar por algo significa que tenemos dos opciones, o tendremos dos opciones: romper con todo lo establecido en una sociedad en la que se divisa una gran dificultad para llegar a esa ecuanimidad, a la que nos estamos refiriendo, por cierto, o bien, corregir.
Aunque corregir puede ser tan dificultoso como intentar juntar un barco que está roto por la mitad y navegando. No es labor imposible, pero puede ser muy difícil.
Entonces, la sociedad tendrá que plantearse: o llevamos el barco a buen puerto y allí lo desguazamos, lo reparamos y lo ponemos otra vez en funcionamiento, o bien sobre la marcha, en plena navegación, nos atrevemos a repararlo.
Si es esta última solución la que emprendemos -porque romper así de pronto todo un concepto en funcionamiento, “parar un barco en plena navegación”, no es posible- habremos de emplearnos mientras el buque está navegando, teniendo necesariamente que aplicar la sabia fórmula de la igualdad.
Y ahí está una forma, también, de ver la situación global. El barco social, el barco mundial, necesita equilibrio, necesita justicia social, necesita ayuda, necesita repararse, corregirse, porque la llegada de las sociedades armónicas, eso es, la llegada de las sociedades auténticas y puramente democráticas están ya en el horizonte de nuestra mente.
Por lo que prácticamente ya están aquí, no nos queda tiempo, no hay tiempo para ir al puerto y reparar el buque, sino que habremos de hacerlo en plena navegación. Y no habrá otra solución que hacerlo de este modo. O este o romper.
De este rompimiento podríamos hablar en otro momento más profundamente, y ver qué posibilidades podrían existir para abocarse plenamente en ese trabajo del romper, en otra ocasión podemos hablarlo. Vamos a centrarnos ahora en la solución del día a día, de la navegación. Importante porque depende de una buena navegación el que muchos no se ahoguen y que el barco consiga enfilar su rumbo.
Entonces nos plantearemos, obviamente si es una sociedad armónica, por lo tanto una sociedad puramente democrática: el esfuerzo tendrá que ser para todos igual.
Y ahí, una idea tiene que aparecer en vuestra mente: si es para todos igual, pongamos por caso una barra de pan, adquirirla para el consumo, para todo ser viviente ha de significar el mismo sacrificio el obtenerla, el mismo esfuerzo, porque si no, va a existir obviamente el desequilibrio.
Estoy hablando metafóricamente y poniendo ejemplos muy sencillos, para que todos podamos entendernos fácilmente, amigos, amigas, hermanos y hermanas, tseyorianos.
Así para que una barra de pan, para su consumo, sea igual para todos el sacrificio de adquirirla, pues cada uno tendrá que aportar el oportuno sacrificio. Y si para un pobre de necesidad, una barra de pan significa un esfuerzo considerable, y lo situamos, pues, en un intercambio, para el que disponga de mucho dinero, pongamos por caso, tendrá que poner mucho más dinero para adquirir esa barra de pan, porque en proporción tendrá que haber el mismo esfuerzo.
Efectivamente, amigos, amigas, ved que es a la inversa de lo que se propone o se propone actualmente en estas sociedades que se dicen inteligentes, adelantadas y modernas.
El sacrificio ha de ser el mismo, por lo tanto, si a un pobre de necesidad le cuesta muchísimo adquirir una barra de pan, pues a un rico le ha de costar muchísimo también. Por lo tanto, a nivel de contraprestación, tendrá que poner mucho más esfuerzo para adquirir el bien, que para el otro le costará el mismo esfuerzo, pero no con tanto valor de intercambio.
¿Qué pasa, entonces, si cada uno cuando adquiere un bien sabe que tiene que sacrificarse exactamente igual que otro que no dispone de medios suficientes como para hacerse cargo del mismo bien? Pues cada uno se lo mirará, y en función de sus posibilidades actuará.
Otro ejemplo importante a tener en cuenta. Una pareja no puede costearse una casa para tener a sus tres hijos en ella y llevar adelante la familia, y la sociedad le impone una renta muy baja, muy pequeña, de poco coste.
Y la misma casa, la misma vivienda, para otra familia con más disponibilidad, se le cobrará mucho más dinero a cambio de ese bien en alquiler, del que va a disfrutar. Parece injusta la proporción, pero no lo es, porque entonces se igualan los sacrificios de las sociedades y de los elementos que habitan en ellas.
Y hay un factor, un tercer factor muy importante a tener en cuenta: cuando una sociedad se socializa en un nivel de justicia social equilibrada, ecuánime y para todos igual, desaparece muy mucho el factor posesión, el factor querer, el factor desear. ¿Por qué? Porque los bienes están a disposición de todos por igual, porque todo el mundo pone el mismo esfuerzo para conseguirlos.
Entonces, cuando para obtener bienes todo el mundo pone el mismo esfuerzo, desaparece en gran manera el factor deseo, el factor posesión.
Y justamente las sociedades así regidas van equilibrándose, y llega un momento en que únicamente piensa la gente en servir a la sociedad, en retroalimentar al conjunto retroalimentándose uno mismo. Pero para nada aspira a la posesión, a la acumulación, porque eso crea, la posesión, la acumulación, crea diferencias sociales, y bajo este aspecto las sociedades armónicas desaparecen.
Por lo tanto, ved, amigos, amigas, el proyecto de las sociedades armónicas lo fácil que puede llegar a ser, compartiendo desde un principio bajo este pensamiento unificador, de unidad.
Y el gran error que puede producirse cuando se rompe ese sentimiento de unidad y de hermanad y se piensa solamente en el beneficio y el lucro, de una parte solamente de la sociedad. Ahí empieza el desequilibrio.
Y cuando empieza el desequilibrio, obviamente se tiene que contar con el dinero, con la capacidad de adquirirlo, con la riqueza. Pero cuando esto queda en segundo término, cuando únicamente predomina el sentimiento de unidad y de hermandad, el dinero no hace falta, no se necesita para nada, el intercambio, la contraprestación, porque entonces todos trabajan en unidad, para todos igual.
Este es un punto de vista que convendría que tuvieseis presente, cuando hablemos de las sociedades armónicas, en pura democracia. Por ahí podemos empezar a reflexionar.
Amados hermanos, os mando mi bendición.
Amor, Noiwanak.