
Universidad Tseyor de Granada (UTG) Granada (España)
CONVERSACIONES INTERDIMENSIONALES
Periodo IV Edición 00
Núm. 351 Sala de la Tríada, en Paltalk 4-11-2010
Durante la reunión de la tríada de hoy jueves, estuvimos elaborando las conclusiones finales del Taller de autoobservación sobre el origen de nuestros pensamientos, de Melcor (Comunicación interdimensional núm. 336). En una ronda de conclusiones habían intervenido ya 11 hermanos exponiendo sus ideas y se observaba una gran coincidencia de criterios y apreciaciones, con distintos matices y experiencias. Al final de la sesión pidió la palabra Melcor y nos dio el siguiente comunicado, que amplía nuestra visión y nos ofrece nuevos retos de trabajo y comprensión.

351. ESTANCARSE, ESTABILIZARSE, ES INVOLUCIONAR
.
CONTINUACIÓN DEL TALLER DE AUTOOBSERVACIÓN:
RECONOCER LA REALIDAD DE NUESTRA CONSCIENCIA
o0o
Melcor
Queridos colegas, amados hermanos atlantes, mi Tríada favorita, soy Melcor. Buenas tardes noches a todos.
Sí, apreciados, todo es una ilusión. Y nuestro pensamiento juega una baza importante para sostener dicha ilusión, en un figurado espacio-tiempo en el que simulamos, y digo ciertamente, figuramos una escenografía.
A falta de otros medios más esenciales, más vinculantes con la consciencia, tenemos que utilizar recursos, muletas y otros medios a nuestro alcance, para hacer sostenible, en cierta parte, nuestra vida tridimensional. Este escenario público y privado para, de alguna forma, aprender.
En realidad, aprendemos porque llegamos a un punto en el que aprendemos a no hacer lo que habitualmente hacemos. Es decir, aprendemos a saber lo que nos interesa, de lo que no nos interesa.
Este es un primer punto importante, porque cuando uno ya sabe y tiene consciencia de lo que no le interesa, puede objetivar su pensamiento y buscar entre los pliegues de su mente aquello que en verdad necesita, porque en realidad le interesa de verdad.
Es un estado abiótico, desde luego, nunca sabremos con certeza aquello que necesitamos. Por eso, nunca debemos rendirnos, nunca debemos estar satisfechos con nuestra actual situación. Cuando hemos alcanzado un peldaño, nuestra impronta ya debe resituarnos en el próximo. Estancarse, estabilizarse, es involucionar.
Nuestro pensamiento siempre estará satisfecho con los logros alcanzados, en cambio, nuestro no pensamiento, nuestra consciencia permanecerá exactamente igual. No buscará ni el progreso, ni la involución. En realidad nuestra consciencia estará, será.
No obstante, sí podemos ayudarla, ayudarnos a nosotros mismos, intentando buscar esta pregunta ignota que no sabemos, que ignoramos incluso que la necesitamos, pero que de verdad nos puede apoyar y lógicamente ayudarnos en un salto más, que en el fondo es una vibración más elevada. Todo ello para un objetivo: conocernos mucho mejor.
Una de las bases para el conocimiento de nosotros mismos es la hermandad. Creo que se ha hablado profusamente de ella. Incluso muy acertadamente en Chile habéis presentado un libro, una Trilogía sobre la hermandad. De hecho, dicho libro puede ampliarse, se ha hablado mucho más ya de hermandad. Es un principio, no debemos conformarnos, pues, con lo hecho, sino que hemos de ir a más. Pero no como un deseo, sino como un anhelo muy profundo de establecer la claridad entre nuestros hermanos.
Está bien que hayamos llegado a estas conclusiones. Está muy bien que todos los de esta sala hayamos comprendido bastante más aproximadamente lo que significa la autoobservación, lo que es la dualidad, lo que es y representa nuestro ego o pensamiento y lo que en verdad puede llegar a hacer nuestra consciencia. Pero no es suficiente.
Ahora nuestro empeño debe ir dirigido a que los demás también participen de ello. Porque así estableceremos una espiral, de igual modo a como el universo se desarrolla, en espiral, y participar a todos de esta misma inquietud.
Una forma de establecer dicha espiral y de procurar el progreso de los demás es conociéndonos. Conociéndonos profundamente estableceremos conexión con nuestros hermanos, con nuestros espejos. Y ellos a su vez nos proporcionarán la suficiente imagen como para reconocernos.
Y, ¿cómo se conoce al hermano? Amándole. Y, ¿cómo se ama al hermano? Tratándole, conviviendo con él, queriéndole. Pero, ¿hemos de querer a un hermano más que a otro? Pues ni lo uno, ni lo otro. No los hemos de querer, los hemos de integrar, porque si los integramos, tanto estaremos equilibrando al hermano que por su papel, por su escenografía, nos presenta un estado anómalo, según nuestro pensamiento, según nuestra estructura mental, y también integraremos al hermano que confluye con nuestros pensamientos.
Esto es así de sencillo, amigos, hermanos, conocernos. Una forma de conocernos es estrechar estas conclusiones, esas convivencias, y también los distintos talleres de reconocimiento.
Por cierto, en Chile se estableció un lindo taller de reconocimiento, de símbolos y de perfiles. Trabajadlo, abonad vuestro pensamiento en ello, y reconoceréis a vuestro hermano, por lo tanto os reconoceréis mucho mejor todos y cada uno de vosotros.
Ampliación del taller de autoobservación: reconocer la realidad de nuestra consciencia
Y para no dejar el tema de hoy así, con estas líneas introductorias de mi parte, deciros también que a dicho taller le podemos añadir un ingrediente más, que es reconocer la realidad de nuestro estado funcional, y la realidad de lo que es nuestra consciencia.
Efectivamente, estamos en un estado dual, en una proyección dual. Por lo tanto, en dicha proyección, si es tal proyección evidentemente, todo lo que se proyecta no es real, aunque pueda parecerlo.
Entonces, si tenemos muy clara nuestra proyección, nos daremos cuenta de que todo lo que proyectamos es ficticio, aunque necesario, como he dicho anteriormente. Por una parte, para distraernos en este deambular, para aferrarnos a un salvavidas cuando nuestras inquietudes nos vencen, cuando nuestros miedos y sentimientos se abocan hacia nosotros y parece que con ello perdemos el mundo y la seguridad. E indudablemente, el aparcamiento de dicha personalidad nos permitirá reconocer esa otra parte esencial en nosotros.
Si llegamos a auto-observarnos verdaderamente, añadiéndole todos los ingredientes que aquí, en esta sala, se han citado, más los pequeños puntos en los que mi disertación anterior se involucran, si de todo ello extraemos una conclusión, nos daremos cuenta que aun siendo un espacio dual, y por lo tanto siendo y no siendo al mismo tiempo, hay una parte que siendo no es, y otra que no siendo es.
Y ahora, amigos, hermanos, para fortalecer el vínculo con la esencialidad de nuestra profunda vinculación replicante, genuina, podemos ir pensando que produciéndose en un estado dual las dos partes, y siendo absorbido nuestro cerebro, y nuestra mente, y digo absorbido plenamente por esa parte de sentimiento -que no es nuestro sentimiento verdadero porque nuestra esencia no es sentimiento- ahogamos el grito de nuestra consciencia, la adormecemos y, cual genio escondido en una lámpara, permanece inactiva.
Si damos cuenta a través de la autoobservación, y de todo lo que hemos expresado juntos, aquí en esta sala, nos daremos cuenta que evidentemente tenemos la dualidad, y que dualmente activamos nuestra consciencia. Y nos daremos cuenta también de que una parte de nuestra consciencia pasa desapercibida por nuestro pensamiento tridimensional, físico.
Y, ¿por qué pasa desapercibida nuestra exploración real, nuestro pensamiento trascendente? Porque, evidentemente también, la ahogamos con nuestros sentimientos.
Cuando logremos exactamente separar la dualidad, que no eliminar una parte de nuestro ego o de nuestro pensamiento, sino equilibrándolo verdaderamente, habremos conseguido obtener dos resultados en uno solo.
Por una parte, ser observadores de lo observado, es decir, ser conscientes de nuestro sentimiento, de nuestros apegos, de nuestras pasiones, de nuestros defectos, incluso de nuestras virtudes, de nuestras desgracias y de nuestra suerte.
Y por otra, nos daremos cuenta de un gran campo mental de consciencia, inmenso, infinito, maravilloso, creativo, e intentaremos permanecer en ese otro estado, el de observador de lo observado. De ser conscientes realmente de nuestro deambular por ese mundo trascendente.
Y todo eso lo vamos a conseguir al instante, porque nuestra mente está preparada para ello. Nuestra mente, nuestro cerebro en este caso, al partir de dos hemisferios completamente separados, por un lado nos permite la intelectualidad, la memoria, la retención y, por otro, la trascendencia.
Si logramos mantener en equilibrio completo esos dos hemisferios, seremos conscientes de todo nuestro deambular tridimensional, pero al mismo tiempo seremos conscientes de lo que estamos haciendo simultáneamente en nuestros mundos paralelos, incluso en nuestros mundos reales.
Porque de hecho así estamos, somos un compendio de conocimiento, somos un compendio creativo, somos seres divinos que nos permitimos ahogar nuestro pensamiento más profundo en cosas banales, pero nos lo permitimos hasta que decimos, ¡basta! Cuando decimos ¡basta!, somos lo que somos, divinidad.
Amigos, hermanos, os mando un fuerte abrazo y mi bendición. Melcor.
o0o
SÍNTESIS Y CONCLUSIONES
Todo lo que proyectamos con nuestra mente es ficticio, sin embargo nos acompaña en nuestro deambular como un salvavidas.
Al autoobservarnos nos damos cuenta de que hay una parte que es la consciencia misma, y otra que no es nuestra consciencia, sino lo que nuestros pensamientos crean.
Nos desenvolvemos en una dualidad, por una parte el pensamiento intelectual, determinista, de nuestro hemisferio izquierdo, y de otro lado nuestra consciencia intuitiva, creativa, de nuestro. hemisferio derecho.
La autoobservación nos permitirá equilibrar ambos hemisferios (ya que tampoco somos nuestros hemisferios cerebrales), así seremos conscientes de nuestro deambular tridimensional sin perder la perspectiva de nuestra realidad divina.
Lo que este taller nos propone es lo siguiente:
1º Identificación del pensamiento (objetivo y subjetivo).
2º Autoobservación en hermandad.
3º Servirnos de lo que nos es útil.
4° Ser creadores conscientes.
Me experimento a mí mismo y, por ende, experimento a mi hermano, al Absoluto.
Hermanarnos, amar a nuestro hermano tratándole, integrándole, trabajando los espejos.
No darnos por satisfechos, alcanzar el equilibrio mediante la autoobservación.
Identificar nuestros pensamientos objetivos, y subjetivos, diferenciando lo que puede sernos útil de lo que no.
Melcor nos invita a continuar trabajando a reconocer la dualidad en plena consciencia, por un lado, que comprendamos qué es lo que sentimos, qué queremos, qué nos motiva en esta vida y, por otro lado, que comprendamos que somos seres divinos y, por tanto creadores, que nuestro transitar por los mundos paralelos es nuestra verdadera realidad; que comprendamos que jamás dejaremos de conocernos, que mientras más profundicemos en nosotros mismos, más posibilidades tendremos de integrar a los demás, de hermanarnos, de amarnos.
Equilibrar la dualidad a través de la integración de ambos hemisferios cerebrales es un camino que es posible. Desde el lugar del observador podemos cambiar el resultado.
Lo que vamos aprendiendo y escogiendo es cuanto puede servirnos para este aprendizaje, vamos "subiendo puestos" pero Melcor nos sugiere no acomodarnos ni darnos por satisfechos con estos tímidos avances, sino que nos indica que aún debemos conocernos mejor para no estancarnos e involucionar.
El mejor método para ello es el hermanarnos, el auto-observarnos, establecer una profunda relación con los demás hermanos, amándoles y conviviendo con ellos, ver en ellos los espejos que representan y darnos cuenta de que nosotros, a su vez, representamos sus espejos.
Nos serviremos de esa proyección como muletas para sostenernos y soslayar nuestros miedos e inquietudes, pero nuestros sentimientos, proyectados de esa forma, no son más que pensamientos subjetivos y hay que equilibrarlos, observándonos y siendo conscientes de ellos, de nuestras palabras y emociones. Cuando logremos ese equilibrio, llegaremos a ser conscientes de los mundos paralelos en los que también experimentamos, seremos creadores y conscientes de la divinidad que hay en nosotros.
Porque en nosotros hay un gran conocimiento dormido, porque somos divinidad y lo hemos tapado con pensamientos superfluos y esclavizantes, hasta que decidimos romper y ser lo que somos realmente: divinidad.
Nunca deberemos sentirnos satisfechos. Porque estabilizarse es estancarse e involucionar, nuestra. Nuestra impronta debe proyectarse hacia el próximo peldaño, aquello que no sabemos y la naturaleza abiótica nos proveerá de aquello que necesitemos.
1 Se refiere a la Comunicación núm. 343: Taller de autoobservación de Melcor: el pensamiento alegre, confiado, optimista, creativo.