
Universidad Tseyor de Granada (UTG) Granada (España)
CONVERSACIONES INTERDIMENSIONALES
Barcelona, Ágora del Junantal (sistema Paltalk)
Núm. 814, 12 de enero 2017
En la reunión del Ágora del Junantal, hoy jueves, hemos estado leyendo y comentando las “Propuestas de mejora” enviadas por Los doce del Muulasterio al Ágora del Junantal. Los hermanos mayores han pedido intervenir y nos han dado un nombre simbólico pendiente de entregar y ha continuado el Taller ¿Y tú qué das?

814. ENTREGA DE UN NOMBRE SIMBÓLICO
Shilcars
Amigos, hermanos, buenas tardes noches, soy Shilcars del planeta Agguniom.
Únicamente para facilitar nombres simbólicos.
Sala
Gracias, hermano Shilcars, bueno, solamente hay uno, que ya nos lo han dado de Secretaría
Angie | TEN PACIENCIA LA PM |
Shilcars
Recibid mis bendiciones. Amor, Shilcars.
Sala
Gracias, hermano Shilcars.

DOS FORMAS DE CONVERSAR
CONTINUACIÓN DEL TALLER ¿Y TÚ QUÉ DAS?
Noiwanak
Amados, soy Noiwanak.
Seguimos con el taller ¿Y tú qué das? No penséis que me he olvidado de dicho trabajo en equipo. Así que vamos a dar paso a vuestras intervenciones.
Pero antes, tal vez, un pequeño comentario por mi parte. Y que sirva de estudio también para todos y de reflexión profunda.
Estamos acostumbrados a dialogar con nuestros amigos, conocidos, vecinos, etc. El diálogo siempre parte de una primera impresión, según sea el momento o circunstancia en la que nos encontremos, del lugar en el que estemos en ese momento y de las compañías con que nos rodeemos.
Así podemos entablar una conversación hablando del tiempo y también de economía, y de política, en según qué casos y circunstancias también.
Todo partirá de una premisa, que nuestro interlocutor esté a la altura de las circunstancias. Y nosotros también, por supuesto.
Interesa la sintonía, y precisamente por eso buscaremos la mejor conversación, adecuada, como digo, en cada caso y circunstancias.
Seguramente no nos comprometeremos demasiado, si conocemos de antemano las reacciones de nuestro interlocutor o interlocutores. Y según qué grupo esté con nosotros hablaremos de un modo o de otro, para agradar en lo posible y no hacer pesada la conversación y el diálogo.
Este es un proceso que sigue el ser humano en todas las latitudes.
Sin embargo, ahora se produce un hecho, en estos tiempos en los que vivimos, que interesa establecer con nuestros contertulios un estado de paz y de buena gente.
Por ello, no nos extralimitaremos en nuestras apreciaciones. Por eso hablaremos del tiempo, de los deportes, de la política en general, tanto social como económica, de la carestía de la vida, de las vacaciones, de los viajes que realizamos…
También en los más jóvenes, con niños, se hablará del primer diente que le ha salido a nuestro bebé o de su primer acto social. Y más adelante de su boda con tal o cual personaje, y así transcurrirá nuestra vida social en paz.
No obstante, aquí se produce una dicotomía y hablamos dos lenguajes distintos. Porque una cosa es lo que de nuestro pensamiento sale al exterior y otra de lo que realmente nos interesaría hablar.
Precisamente, los dos temas pueden ser interesantes, mas solamente utilizar uno de ellos puede ser contraproducente. Porque así, de esta forma, bien que nos ahorramos problemas de interpretación, pero al mismo tiempo no tratamos el tema adecuadamente, y llega un momento en que las personas decidimos no hablar.
En definitiva, quedar bien y mantener la boca cerrada, por si acaso. Y dejamos al aire una cantidad de cuestiones, de interrogantes, de respuestas, de diálogo en el que puede entrar perfectamente el concepto o acrónimo CAFÉ.
Pudiendo desarrollar comentarios, diálogos, debates, conversaciones, sobre ciencia, arte, filosofía, espiritualidad, y enriquecer nuestro pensamiento perfeccionándolo.
Por ello digo que nos perdemos una importante experiencia en nuestra vida, cuando tratamos con nuestros espejos, si solamente nos limitamos a lo políticamente correcto y dejamos de lado lo que realmente nos interesa tratar.
Porque de ahí llega el reconocimiento de uno mismo, y del pensamiento profundo también de nuestro interlocutor o interlocutores. En definitiva, de nuestros espejos. Así también nos formamos una idea de lo que piensan los demás, y los demás, al mismo tiempo o viceversa.
Nos perdemos parte de nuestra vida hablando de temas intrascendentes, y dejamos de lado la trascendencia pura del lenguaje, con nuestros espejos, que en definitiva nos permiten la retroalimentación y el enriquecimiento de ambos o de ambas partes.
Aquí se produce un pequeño problema, y es que desconociendo la actitud y pensamiento de nuestro vecino, llegamos a un punto en que le desconocemos totalmente. Y pasa por nuestro lado sin pena ni gloria. Apenas nos saludamos y nos rodeamos de perfectos desconocidos. Cuando en realidad tendríamos la oportunidad de perfeccionar el lenguaje, el pensamiento y nuestro estado conductual.
Y en definitiva, empezaríamos a conocernos un poco mejor, que esto es lo que interesa.
También el medio ahí juega un papel importante, en este pequeño desastre comunicativo, social. Nos inunda de información. Información muchas veces exagerada, por no decir tóxica.
Y ahí sí que prestamos atención. Eso nos indica que prestamos más atención a la información que nos llega por diferentes cantones, y le damos un crédito aún mayor. ¿Por qué? Porque nuestro interlocutor nos habla, pero nosotros callamos. Nuestro interlocutor expone sus ideas y pensamientos, y nosotros callamos. Porque nuestro interlocutor es un medio virtual, hablado o escrito o visionado. Y así nos vamos conformando en una especie de masa gris, amorfa.
Recibimos información y nos la creemos a pies juntillas. Somos incapaces de contrastarla, pero aún más incapaces de rebatirla, y mucho menos efectuar la retroalimentación.
Así nos convertimos en polluelos, que únicamente pican el grano, comen, se engordan, y viven tranquilamente hasta su momento final. Digamos desgraciado final. Sin penas ni glorias. Porque no han contrastado absolutamente nada, solamente han tragado. Y esta es la palabra exacta.
Evitamos así sufrir. Sufrir el sentimiento de desconfianza de los demás, la burla de los demás. Así, no hablando con nuestro contertulio, no transmitiéndole nuestro pensar, evitamos que nuestro interlocutor se complique mucho la vida intentando comprendernos, pero nosotros evitamos precisamente ese riesgo, el de ser mal entendidos, incomprendidos.
En este punto, cuando se trata de transmitir a nuestros amigos y amigas, conocidos, nuestro pensar tan profundo, me refiero a los que estamos aquí, a los auténticos tseyorianos que sienten la necesidad de expresar su pensamiento, de transmitirlo, porque han entendido perfectamente lo que es la retroalimentación, perdemos miserablemente el tiempo callando.
Y entramos en un triste soliloquio. Damos vueltas y más vueltas en nuestro propio gallinero, y sin apenas darnos cuenta que disponemos de auténticas alas para volar hacia otros lugares, más interesantes, más productivos, más fructíferos, más felices.
Así, poco a poco, nos vamos envolviendo en un aura de negatividad. Permitimos que los demás nos hablen, nos expliquen, nos imbuyan de ideas y pensamientos, como puro baksaj, y asistimos realmente a nuestra derrota, porque en definitiva no tenemos un contrincante con el que dialogar, hablar, debatir y enriquecerse mutuamente.
Y así nos va. Y de esa forma verdaderamente no podemos entender realmente lo que es dar. Porque no hay contrapartida. Y todo lo que se recibe es para dar, pero si no se recibe tampoco se puede dar.
Cuando uno no recibe, cuando uno solamente se alimenta, en el sentido de tragar información pero no la dosifica, no la contrasta, no la analiza, únicamente se llena de información y se pierde por ese camino tropezando continuamente, dudando continuamente, dispersándose continuamente.
Y, únicamente, revive en su egoísmo calculando fríamente la sensación que puede causar a los demás con sus comentarios. Así, tal vez, removiendo y alterando al gallinero puede que saque alguna conclusión.
Mas, como su funcionamiento es unipersonal, egoico, fruto de la dispersión y del confusionismo, altera a todo el vecindario, a todo este gallinero y únicamente le queda recibir a cambio nada. Volviéndose aún más y más escéptico y obviamente desequilibrado en su posicionamiento psicológico.
Nada más, simple reflexión. Adelante con vuestras intervenciones sobre el presente taller ¿Y tú qué das?
Amor, Noiwanak.
Pigmalión
Yo creo que en Tseyor doy todo lo que puedo, a veces incluso me atrevería a pensar que doy mi vida, mi compromiso, mi esfuerzo, mi tiempo. Estoy en varios equipos, doy mis servicios, mis mejores aptitudes, a nivel técnico. Entrego mi tiempo, incluso parte de mi dinero, el poco que tengo, para aupar este proyecto. Intento dar lo mejor que puedo para que esto siga adelante, procuro aportar mi entusiasmo, mi entrega.
Y haciendo alusión al comunicado de hoy, creo que doy un ejemplo de sinceridad, de romper esquemas políticamente correctos. Intento sacar a la gente precisamente de ese silencio. Es algo que hago no sé si consciente o inconscientemente, pero a veces es algo que me sale de forma natural.
Y en definitiva me encanta todo esto que hago, porque me hace sentir feliz, lleno, y últimamente lo que estoy dando más es mi trabajo interior. Mi trabajo de equilibramiento, de autoobservación… Y bueno, por no aburrir, sencillamente esto, y seguiremos dando, y cada vez más.
Noiwanak
Ahí has puesto un punto muy importante a tener en cuenta. Y es que, después de todo este sacrificio, esfuerzo de entrega hacia los demás, que esto en realidad no tiene ninguna importancia, sí tiene importancia el que haciendo esto te sientas feliz.
Habremos de buscar precisamente la felicidad, y por ahí va parte de las conclusiones de este taller. Más, no me adelanto.
Dadora de Paz PM
Buenas tardes, buenas tardes Noiwanak, amados hermanos.
Hablando un poco sobre la reflexión que hice a la pregunta que nos hiciste, ¿Y tú qué das? Lo primero que mi ego me dijo fue: nada, nada tú no das nada. Ahí sigue mi reflexión y poco a poco, día a día me digo, sí, siempre tenemos algo que dar, como nos has dicho, siempre hay algo para dar y también digo, bueno, pero no puedo dar más de lo que tengo y por ahí sigo reflexionando, según tú nos has ido diciendo cosas.
A la conclusión que llegué es, que yo no sé lo que yo doy, que aun no sabiendo lo que doy hay personas a mi alrededor que llegan a mí muy agradecidas porque en un momento dado les dije algo, hice algo que en su momento les ayudó muchísimo a ellos. Cuando me encuentro con eso siempre pienso, pero ¿por qué yo?, si yo no sé lo que hice, yo no sé lo que dije para que se sienta que pude ayudar y es ahí donde llego a la reflexión de que sí doy, pero no sé lo que doy, cuando lo doy, lo doy sin pensar, doy quizás lo que verdaderamente siento, no ando por ahí pensando en que voy a dar, simplemente me sale lo que tengo que hacer o decir en el momento que lo tengo que hacer. Hasta ahora en este momento es lo que puedo decirte a la pregunta ¿Qué yo doy?
Noiwanak
El ego nunca nos indicará, y digo nunca, qué camino espiritual es el correcto, porque ahí se juega su supremacía. Intentará desdibujar la situación para confundir.
Por eso es importante la retroalimentación, el diálogo, el debate, la conversación profunda, sincera, honesta y clarificadora, porque únicamente es nuestro espejo quien nos dirá realmente si estamos dando.
Benéfica Amor Pm
Quiero confesarme aquí hoy que el día que hiciste esa pregunta me sacaste de onda, me quedé muda, perpleja, sin saber qué decir. Y en ese instante vino a mi mente esa experiencia transformadora que viví en este año que acaba de pasar, muy profunda pero que estoy sumamente agradecida, profundamente agradecida. Porque gracias a ella he estado reflexionando y pensando que debía redirigir toda mi vida, empezando por mí.
He reflexionado con esta pregunta, y dije, pues simplemente no he sabido dar. Y ahora continúo con un trabajo profundo, diario, constante, de reflexión, de ir recuperando, mejorando, internamente mi psicología, y sobre todo he llegado a la comprensión de que todo lo que debo hacer, lo que diga, debe salir de mi corazón, genuina y humildemente.
Y entonces, y solo entonces, me estaré dando, y si me estoy dando le estaré dando a los demás, porque somos uno.
Lo que sí, Noiwanak, no he perdido mi alegría, mi entusiasmo y mi felicidad, y trabajando confío en que todo será como tiene que ser. Gracias.
Noiwanak
Sí, pero también “a Dios rogando y con el mazo dando”. Verdaderamente es así.
Aunque aquí en Tseyor tenemos especialmente las herramientas a punto para levantar ese edificio en el que podamos cobijarnos todos. Y ese edificio se construye ladrillo a ladrillo, y no desde el tejado, sino desde la base. Un ladrillo, otro, otro más, y otro más, y así levantar el muro principal que servirá de base para el resto de estructura de la construcción, y no al revés.
Esto nos indica que empezaremos creando ese pequeño núcleo o célula que irá reforzándose y contagiándose, ampliando el circuito.
Así, lo importante es la unidad entre todos, esa unidad tan minúscula cual es el colectivo Tseyor, para poco a poco ir añadiendo ladrillos y levantando el edificio correspondiente, y no al revés.