Me vi en una casa como las de la época de Jesús. Yo abrí la puerta. Era bajita.
Y vi a mi nieto Antonio jose que venía entre el grupo. Estaba muy delgado y alto. A los demás no los reconocí.
Luego pasamos a otra habitación y al fondo estaba parado Jesús. Lo miré y dije: "¡Oh, es Jesús!".
Me acordé y le miré los pies: llevaba sus sandalias.
Los demás entraron al cuarto.
Se sentía una energía preciosa. Así me quedé, recibiéndola y disfrutándola, hasta que terminó la meditación.
¡Me he sentido feliz y distinta!