
.

1289. CUENTO DEL OSITO DE PELUCHE
Amigos, amigas, hermanos y hermanas de Tseyor, Shilcars de Agguniom.
El niño observa embelesado, pegado al cristal del escaparate, donde un osito de peluche, mayor que él de tamaño, le mira fijamente a los ojos.
Como digo, queda embelesado y piensa ¿cómo es posible? Y se da cuenta perfectamente que es un ser inanimado, porque mira fijamente pero no se mueve. Entonces percibe que realmente no es piel ni pelo que lo cubre, sino que es una especie de tejido.
Y observándole, ve sus ojos y estos se asemejan a unos círculos pintados en blanco y negro. Y una boca semiabierta, pero que en realidad es el corte que se le ha ejercido al tejido para que muestre la boca de osito de peluche, ese que tanto ilusiona al niño y, obvio es, que tarde o temprano disponga de uno en su cama y le acompañe durante el sueño.
No sabe cómo se produce, cómo se ha generado este oso de peluche, pero ahí está.
Ignora que previamente ha sido un retal de tejido, unos botones tal vez y un relleno de serrín o de espuma o de goma espuma, como aquí denomináis.
Pero ignora, no sabe cómo ha sido posible generarlo. Lo ignora sencillamente.
No obstante, confía en que algún día podrá tenerlo a su lado y que ese oso de peluche al que tendrá como amigo ¿le hablará? Puede.
Y se hagan muy amigos y confraternicen y se expliquen uno y otro sus historias, sus pequeñas historias, sus alegres, infantiles historias, inocentes además.
Y en eso está el niño, embobado como digo ante el escaparate observando ese osito de peluche. Y abandona el lugar, cogido de la mano de su progenitor y ahí la historia termina.
De momento, claro, porque en la mente del niño anidará la idea de tener tarde o temprano ese objeto en sus manos. Y no tardará en pedirlo a sus padres. Y sus padres obviamente se lo entregarán, se lo regalarán u obsequiarán, ese objeto al que tanta ilusión ha puesto su hijo, su pequeño hijo.
Lo mismo puede sucederle al adulto, a la persona ya madura, que se pregunta cómo es posible que exista vida humana, inteligente, que se desarrolle, que procree.
Y que él mismo, ante la visión de los demás y de lo que le rodea, piense, como es lógico, ¿cómo es posible que haya sucedido este evento? ¿Cómo es posible que exista la vida, la inteligencia, la naturaleza en pleno? ¿El astro Sol, la Luna, que puede observar muchas noches?
Y ahí se queda, en esa pregunta. No entiende, no sabe cómo se ha producido todo. Ahí está, lo ve, pero ignora el origen. Ahí está la cuestión.
Esto es como observar una prenda de vestir, un abrigo por ejemplo. Y el que desconoce el proceso dirá: y ¿cómo se ha producido esa prenda?
Bien, de esa prenda el principio todos lo sabemos, pero puede que alguno no, incluso también nos sirve como ejemplo.
Pues ese abrigo antes ha sido hilo. Y ese hilo ha sido de la lana de una oveja. Y previamente esa oveja ha crecido suficientemente para ser esquilada. Pero esta antes ha sido una criatura nacida del vientre de su progenitora, y así ¿hasta dónde?
Claro, si uno desconoce su origen y solamente ve los efectos del abrigo, pensará ¡esto es magia! ¡Se habrá producido por sí mismo! El abrigo se ha presentado por sí mismo y ahora es mi abrigo.
Pues no, verdaderamente es cierto que dicho abrigo ha pasado por un proceso determinado para ser abrigo.
Al igual que el ser humano. El ser humano es un ser que piensa que piensa, por lo tanto es atlante.
Pero para serlo ha tenido que pasar por todo un proceso y conocer dicho proceso es yendo hacia atrás. Pero claro, para ir hacia atrás habremos de investigarlo, habremos de descubrirlo, habremos de experienciarlo. Y una experiencia propia, personal.
Que tal vez sirvan de referencia otras historias, experiencias de otras personas, de otros hermanos o hermanas. Pero en realidad la experiencia ha de ser personal, cada uno ha de vivirla.
Y ha de vivirla y, para vivirla, se ha de llegar al origen. Y hacia el origen iríamos remontándonos en generaciones y generaciones. Y veríamos que las generaciones se han ido repitiendo con un común denominador, que es la genética.
La genética ha ido dando forma al ser humano. Pero el primer ser humano que puebla la faz del Universo o en cualquier punto o planeta del Universo, ¿de dónde ha nacido, de dónde ha salido? Se preguntará el neófito.
Y claro, para eso tendrá también que ir al origen. Y ¿dónde está el origen?
Bien, ahí habremos de descubrirlo y experienciarlo a través de la extrapolación, a través del traspaso del Ich y, por lo tanto, encararse valientemente ante la realidad de los mundos.
Porque en la propia realidad de los mundos está la explicación de todo, porque todo está…, ¿en dónde está? En un principio está en la Nada.
O sea que podemos decir: en un principio nada existía.
Pero también habremos de reflexionar y decirnos: si existía la Nada ya existía algo, existía la Nada, por supuesto.
Eso nos indica que habremos de profundizar y, en esa profundización del pensamiento, nos daremos cuenta de que la Nada únicamente puede ser una idea. Porque una idea es nada, pero en sí lo contiene todo, o puede contenerlo todo.
Cuando nos referimos a esa Nada, de que en el principio nada existía, no podía ser de otra manera y creernos verdaderamente que existía la idea.
Había una idea y ¿cómo podemos suponerlo? Por la manifestación de esa probable idea.
Y la manifestación está en el reflejo de nosotros mismos, como efecto. Y eso es indudable que tiene que ser así.
Porque si estamos aquí, formando y conformando un puzle holográfico cuántico, si estamos conformados por millones y millones de átomos, células, neuronas, quiere decir que eso ha nacido de la Nada. Por lo tanto es evidente que en la Nada está todo.
Y así, trabajando en esa especie de análisis crítico, vamos intuyendo que nuestra vida no está aquí por casualidad, que habrá un objetivo y que podremos disfrazarlo ese objetivo de múltiples aspectos. Incluso aspectos que nos van a desorientar totalmente.
Se van a crear densas cortinas de humo, para evitar que nuestro pensamiento en trascendencia penetre en el fondo mismo del pensamiento trascendente, por así decirlo, y descubra que en realidad somos únicamente una idea.
Y si somos una idea, evidentemente somos todos iguales, porque todos pertenecemos a esa misma idea. De la Nada, por supuesto.
Que, como digo, en la Nada nada existe, pero si nada existe y existe la Nada, quiere decir que existe la idea.
Por lo tanto, del ser humano atlante podemos ir pensando, para ir trabajando sobre ese aspecto, que el atlante es una idea.
Una idea que conformada a través de esa misma idea, ha ido evolucionando en ese pensamiento y creando las posibilidades infinitas con las que la célula ha ido evolucionando también y adquiriendo esa inteligencia trascendental, porque no queda otro remedio que hacerlo.
Cuando existe la vida, la vida lucha desesperadamente para mantenerse, porque este es su sino. A partir de ahí adquirirá diversas formas y utilizará todos los medios a su alcance para continuar en ese proceso evolutivo.
Ideará formas para mantener en constante evolución esta idea. Esta idea que se ha generado precisamente en la Nada. Y en esa precisa Nada se ha estimulado de tal forma la idea, que la misma ha desbordado la copa, el Grihal, el Fractal y ha inundado un mundo de manifestación.
Y en ese momento se ha creado la manifestación de la vida tal y como la conocemos.
Pero en realidad, ¿la vida, tal y como la conocemos, es la vida auténtica? Ahí tendríamos que desarrollar un poco más las síntesis que venimos trabajando y el proceso que va a permitir a vuestras mentes alumbrarse verdaderamente. Que eso significa obtener cierto grado de iluminación.
Y todo se verá y todo a su debido tiempo. Ahora quedémonos con que somos una idea, somos hermanos, somos iguales.
Amados hermanos y hermanas, os mando mi bendición.
Amor, Shilcars.