
La autoobservación es una de las claves principales del trabajo interior en Tseyor. No consiste en pensar más, analizarse más o juzgarse más, sino en aprender a observar serenamente nuestro mundo interior: pensamientos, emociones, reacciones, deseos, miedos y actitudes.
Nuestros Guías Estelares nos dicen:
“La autoobservación consiste en estar atento al flujo interno de nuestros pensamientos, sentimientos y actitudes. Observándolos de una manera imparcial, sin juzgar, pues el amor no juzga.”
Cuando observamos sin analizar, sin juzgar, aparece una nueva claridad. Empezamos a distinguir entre lo que somos profundamente y aquello que solo es reacción, costumbre, miedo, apego o pensamiento automático.
Podemos diferenciar dos aspectos de una misma realidad: la parte que observa y la parte observada.
La parte observada pertenece más al mundo tridimensional: nuestra personalidad, emociones, hábitos, deseos y contradicciones. La parte que observa es más serena, objetiva e impersonal.
El fruto de esta práctica no es acumular conclusiones intelectuales, sino ampliar la consciencia. Como señala el Glosario: “No más pensamientos, sino menos; una mayor consciencia.”
La autoobservación no necesita grandes escenarios. Puede practicarse en cualquier momento: hablando, caminando, trabajando, conviviendo, escuchando, reaccionando ante una dificultad o simplemente respirando.
No se trata de hacerlo perfecto. Se trata de volver una y otra vez al presente.
“Esta autoobservación la podemos hacer en cualquier momento, aunque es difícil sostenerla de instante en instante.”
Cada instante observado con atención sincera es una pequeña puerta. Y cada puerta puede acercarnos un poco más a nuestra realidad interior.
La autoobservación favorece el despertar porque nos ayuda a salir del automatismo. Dejamos de vivir arrastrados por impulsos, rutinas, identificaciones y pensamientos de prestado.
Es una herramienta para reconocer el ego, relativizar lo que vivimos, desapegarnos de lo innecesario y abrirnos a una comprensión más amplia.
La autoobservación no se comprende del todo leyendo sobre ella. Se comprende practicándola.
No se trata de asumir nuevas creencias, sino de vivir y experimentar por uno mismo. El conocimiento auténtico no nace de repetir ideas, sino de comprobar interiormente aquello que vamos descubriendo.
Por eso, la autoobservación es sencilla en su formulación, pero profunda en sus efectos. Nos invita a estar presentes, a ser sinceros, a observar nuestras reacciones y a descubrir, poco a poco, quién observa realmente en nosotros.
La autoobservación es una llamada a despertar en medio de la vida cotidiana.
No pide retirarse del mundo, sino vivirlo con más consciencia. No pide perfección, sino atención. No pide creer, sino experimentar.
Cuando observamos sin juicio, con humildad y amor, algo empieza a ordenarse en nuestro interior. El pensamiento se aquieta, el ego pierde fuerza, la consciencia se amplía y aparece una comprensión más serena de nosotros mismos, de los demás y del camino que estamos recorriendo.
Puedes leer la monografía completa: