213. EL SILENCIO - SHILCARS

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EL SILENCIO DE NUESTRA MENTE

 

Silencio… Silencio es lo que necesitamos. Un silencio profundo, objetivo, para poder dialogar abiertamente y sin errores o malas interpretaciones.

Por eso, cuando dialogamos abiertamente, con objetividad, incluso ahora, en estos momentos, de forma paralela a esta, lo hacemos con un gran y profundo sentimiento de amistad y de hermanamiento.

Difícil lo tenemos para comprender estos dos posicionamientos psicológicos, si verdaderamente no experimentamos. Aunque mi persona lo entiende. Y también espera ansioso que podamos dialogar, de forma consciente y plena, en los dos mundos, para que no haya lugar a dudas ni mal entendidos.

Silencio por cuanto de él se deriva una gran manifestación crística, verdaderamente hermanada por lo que somos: chispas, partículas microscópicas de un Todo, por lo tanto, el mismo Todo diversificado infinitamente.

Por eso, cuando podemos hablar de corazón, podemos llegar a entendernos perfectamente. Y el entendernos perfectamente no quiere indicar que lo sepamos o lleguemos a saberlo todo, sino que cada uno en su parcela de vibración reconocerá aquello que sabe y nada más.

Silencio es lo que necesitamos todos. Silencio profundo para que se manifieste verdaderamente nuestra consciencia, y no pueda alterar el ego otra manifestación que no sea la pura de un pensamiento objetivo, hermanado y, por ello, amoroso.

Silencio es lo que debemos hallar en nuestro interior. Silencio, pues, es lo que nos dará a entender nuestra posición exacta dentro de este Puzle Holográfico Cuántico.

Y, a través de ese silencio, manifestarnos abiertamente, sin peligro de malinterpretar. Porque cuando uno se manifiesta a través del corazón, habla, pero cuando lo hace, lo hace de forma creativa, pura, ordenadamente, con mucho amor, que parte del infinito creador. Por lo tanto, dicha manifestación se traslada al mundo tridimensional plena de vigor, de capacidad interpretativa, y no hay dudas.

Silencio es lo que estoy manifestando ahora, en vuestras personas, porque hablo a través de mi corazón. Hablo a través de mi consciencia porque, en primer lugar, pongo todo mi saber y buena intención en hacerlo.

También porque me baso en un programa y lo respeto escrupulosamente y, cuando alguna cosa la ignoro, busco en lo más profundo de mi corazón, y soy asistido por mis superiores, que invariablemente me ayudan a comprender.

Y entonces, mi manifestación, como se provee de ese punto infinito que parte de mi propia consciencia o réplica, puedo atreverme a darla abiertamente. Y, aun y todo, puedo tener algún error. Claro que sí, no soy perfecto.

Siguiendo en esa exposición del silencio, podría añadir también que el silencio tendría que estar en nosotros permanentemente.

Utilizamos el lenguaje oral, escrito, gesticular, la mímica incluso, la música en todos sus exponentes, y el arte también, para manifestarnos.

Aunque, si estuviésemos verdaderamente despiertos y conscientes de la gran responsabilidad que adquirimos al destapar el silencio, al abrir nuestra boca y manifestarnos, la gran responsabilidad, digo, que tenemos cuando hablamos, no desde el corazón sino desde una mente intelectual, si supiésemos verdaderamente el daño que nos infligimos a nosotros mismos, a través de las elucubraciones, a través de los propósitos, a través de la intencionalidad, a través del interés y del deseo, callaríamos la boca para siempre.

Siguiendo en ese postulado, me podríais decir también que si callásemos la boca para siempre no nos entenderíamos, y el mundo no funcionaría. Y tendríais razón, sería muy difícil en vuestro nivel, en vuestro limitado nivel intelectual, entenderos sin hablar.

Aunque en todos los niveles de pensamiento basta una mirada para entender a tu hermano, basta una mirada tan solo. Poniéndole un pensamiento de amor, basta una mirada tan solo para entender a todo el universo en un instante.

Así que en este espacio tridimensional usáis la palabra. La usáis precisamente por vuestra limitación, no lo dudéis.

Toda manifestación oral o escrita, si no se ha hecho con la pureza de corazón, es puramente egoica. Aunque esté bien elaborada y con una gran técnica oratoria si cabe, no deja de ser una deficiente manifestación.

Por eso, pido silencio. Pero no ese silencio de boca callada tan solo, sino además el silencio de nuestra mente. Porque incluso estando en silencio podemos equivocarnos, y a veces mucho.

El silencio se basa precisamente en el fluir de nuestra mente. No haciéndole caso en absoluto a sus indicaciones, cuando estas parten de un deseo.

Así, ese silencio se verá coronado siempre por el fluir de nuestro pensamiento, y abriremos únicamente la boca para manifestarnos cuando lo sea a través de nuestro corazón.

Y ahí está el valor de la hermandad, el valor del cariño, el valor de la amistad. Saber hablar en el momento adecuado, utilizando palabras adecuadas. Procurando en todo momento no herir susceptibilidades.

Aunque también debemos respetar al que no se ocupa del silencio.

Los grandes escritos o manifestaciones, las grandes elocuencias, la creencia de que con un intelecto brillante se consigue todo, es un gran error.

Aun cuando nuestra palabra, nuestras frases, nuestro vocabulario en definitiva, sea rico en matices, y generoso, es un error.

Lo difícil está en saber hablar en su momento. Muy difícil porque ahí entra en juego la manifestación del espíritu, de la consciencia, de la réplica genuina, a través del fluir de la mente.

Pero, cuando nuestra conversación se basa en la intelectualidad, y en ella le añadimos propósitos o deseos, esto es francamente un error. Lo mejor en este caso es callar.

Y es un error también pensar que “quien calla otorga”. A veces el que calla es porque comprende profundamente la posición de su interlocutor, y calla precisamente porque le ama.

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Tomada de la Monografía Meditaciones y Talleres de los Hermanos Mayores

Pág. 344

Del Comunicado:

  213. Necesitamos el silencio en nuestra mente

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