358. CUENTO DE NAVIDAD: “EL MUNDO DE LA ETERNA JUVENTUD”

undefined

CUENTO DE NAVIDAD: “EL MUNDO DE LA ETERNA JUVENTUD”

03/12/2010

Shilcars 

 

Al hilo de la conversación de hoy y teniendo en cuenta las fechas en que nos encontramos, ya pronto a celebrar la Navidad por esos lares, me gustaría mandaros un mensaje navideño, en forma de cuento.

Vuestros ancestros se reunían, como ahora lo estamos haciendo aquí, en círculo. Y alrededor del fuego. Contaban sus historias y pequeños y grandes disfrutaban de la compañía de todos.

Y soñaban con la historia, viviéndola. Esto no debemos olvidarlo, al contrario, podría ser interesante fomentarlo.

Encontrar lugares adecuados para celebrar en unión dichas charlas. Explicar historias y avanzar en la unidad y el hermanamiento, cual niños que somos todos.

Pronto se verá parte de esa cuestión, pronto la disfrutaremos aquí en este mundo tan denso y con tanta fatiga. Y la disfrutaremos si logramos despuntar algo nuestra mente y nuestro pensamiento y situarnos en una órbita en la que -a pesar de las dificultades y retos que tenemos por delante- logremos volvernos niños.

Y siendo niños se abrirá, y de hecho se abre, un mundo de ilusión, de imaginación. Un mundo fantástico. Mejor dicho, nuestro mundo, en este caso el vuestro, a pesar de todas las dificultades, se vuelve fantástico, se vuelve imaginario, se vuelve, en definitiva, un mundo distinto. Se ve desde otra perspectiva y todo, todo, resulta bien. Porque en definitiva todo está bien.

El cuento de hoy, amigos, hermanos, podríamos titularlo: “El mundo de la eterna juventud”. Se divide en dos tiempos, el primero y el segundo. El segundo puede ser el primero y el primero el segundo; el orden de los factores no altera el producto.

Estamos observando unas tierras, en una noche de invierno. Unas tierras heladas, frías, con mucha nieve, desiertas.

El cielo contempla el paisaje con ilusión, porque sabe que se va a producir un acto importante y trascendente. Y, cuando todo está a punto para un acto de dicha naturaleza, todo el universo está en ello, feliz, esperanzado.

Allá en el fondo del valle se divisa una pequeña luz procedente de una ventana, una débil lucecita que parpadea…

Se trata de una cabaña solitaria en medio del campo, en medio de ese espacio natural ahora terriblemente azotado y castigado por una fuerte tormenta de viento y nieve.

Pero, más allá de esa tormenta, se divisa un firmamento lleno de estrellas y, desde una de ellas, aparece en movimiento lo que simula ser una estrella más. Se desplaza a gran velocidad. Atraviesa la nube y la tormenta, y dicha luz se sitúa delante de la puerta de la cabaña antes citada.

Realmente esa estrella no es exactamente lo que aparenta: es un orbe, una especie de burbuja trasparente. Es lo que conocemos como Testo. Dentro, una luz blanca, radiante, de gran pureza…

Que al instante se transforma en un joven, que llama a la puerta de la cabaña.

La puerta se abre y aparece un anciano que mira sorprendido al joven, como queriendo indicarle o preguntarle qué hace allí, en una noche tan fría, con tan mal tiempo.

El joven lo reconoce y le pide cobijo. A lo que Joseph accede como es natural en él, por su bondad, por su desprendimiento. Le cede el paso, y le invita a acercarse al fuego para calentarse.

Allí en la estancia están dos mujeres, una al lado del fuego, otra sentada junto a la mesa.

La que está junto al fuego del hogar, es la “abuela”13 madre de Joseph. Una anciana mujer imposibilitada físicamente, pero con un gran sentido de la hospitalidad.

Saluda con una amplia sonrisa al recién llegado y le ofrece asiento.

Joseph se dirige al huésped, y le explica su situación, la situación de la familia. Una familia que ha permanecido allí toda su vida…

No tuvieron hijos. Su mujer, Mary, está actualmente con ciertas dificultades en la vista y durante muchos años se ha dedicado a la enseñanza, ha sido maestra. Y su madre, Magda, les ha cuidado todo ese tiempo.

Los tres han vivido durante todos estos años ayudando en lo que han podido a los demás. No han pensado en el futuro. Lo han entregado todo a los demás sin esperar nada a cambio.

Esto se lo explica Joseph, de alguna forma, al que se ha presentado como Christian. Le dice también que ahora se encuentran en esta difícil situación. En su vida habían pasado por un proceso tan crítico.

Joseph, casi imposibilitado, no tiene apenas fuerzas para cuidar el campo. Y por desgracia el caballo que tenían acaban de perderlo hace muy pocos días. El mal tiempo ha echado a perder la poca cosecha que tenían.

Realmente su situación es crítica, pero en modo alguno están preocupados. Al contrario, están alegres y confiados, como siempre.

Toda su vida han estado confiados, alegres, contentos.

Y ahora no podía ser menos, también lo están. A pesar de que saben que esto va a durar muy poco, de que sus vidas están languideciendo, de que apenas tienen fuerzas para seguir adelante…

Saben que un día u otro la vida les llamará.

Christian escucha sus razonamientos, sus explicaciones, con una gran comprensión y les abraza.

Joseph invita después al huésped a cenar, poniendo sobre la mesa los pocos alimentos, por no decir muy pocos, de que disponen. Algo de pan, vino, y frutos secos.

Claro, es evidente que en una noche buena, pronto a celebrar la Navidad, como mínimo la mesa tenga algún alimento. Y lo más importante, que la familia esté unida y, en este caso, con un amigo, hermano, al que acoger.

Se sientan a la mesa. Christian les sonríe profundamente. Se reparten el pan, toman su vino y, de pronto, la estancia se ilumina con un gran resplandor.

Christian los ha venido a buscar, se los lleva. Han terminado su prueba y se los lleva…

En el segundo acto podemos apreciar un prado lleno de flores, árboles, vegetación. Gentes caminando, paseando, alegres, confiadas. Niños jugando.

Y muy cerca de nosotros, como observadores, apreciamos a dos bellas muchachas, hermosas de verdad, sentadas en el prado, en la fresca hierba, junto al río. Un riachuelo que transcurre por toda la zona, de aguas transparentes, con peces multicolores danzando por él.

Las dos muchachas sonríen, charlan amigablemente. Se ven felices, todo les sonríe.

Mary, la más decidida, la que siempre ha llevado la batuta, le explica a su amiga Magda -mejor le hace confidencias- diciéndole que este mundo en el que están, que no sabe ya cuántos cientos de años habrán transcurrido desde su llegada, es un mundo agradable, feliz, tranquilo…

Ahí no pasa el tiempo. Sus cuerpos no envejecen, siempre están jóvenes. No tienen ninguna dolencia. Disfrutan de los mejores manjares y de agradables compañías…

Todo el entorno es de paz, de equilibrio… Pero, hay cierta preocupación en Mary.

Y dicha preocupación, Magda la capta perfectamente, porque se conocen a fondo, porque son hermanas de verdad, porque están íntimamente unidas en un proyecto.

Por eso están aquí las dos, en ese mundo de la eterna juventud, en ese mundo perfecto, en ese mundo en el que nada sucede, nada desagradable. Todo es agradable, por cierto.

Y Magda le contesta que comprende esa pequeña perturbación en Mary. También comprende que es un mundo dulce, agradable, que son jóvenes eternamente, que nada les falta… Pero, que siempre resulta igual.

Y tanta felicidad, tanta vida agradable, sin ningún problema, resulta hasta un tanto pesado…

Y también en ella existe un pero.

En este momento, Mary señala con el dedo, indicando que se acerca al galope de su caballo su gran amigo Joseph.

Este llega junto a las dos mujeres.

Joseph es un joven hermoso, fuerte, radiante.

Dirigiéndose a las lindas muchachas les dice, y aquí acaba el cuento de esta noche:

-Hoy he soñado que me hablaba Christian. Y me ha pedido que os dijera si nos interesa ya iniciar una nueva aventura en otro mundo. Fin.

 

13 “Abuela” no en el sentido de parentesco familiar, sino de `persona anciana´. Se trata de Magda la madre de Joseph, que es el esposo de Mary. Recordemos que son los tres personajes del “Cuento del pequeño Christian”, que en este mundo y en esta ocasión están en una relación familiar diferente a las anteriores.

o0o

Comunicado:

358. Cuento de navidad: el mundo de la eterna juventud

Comentarios