Cuento de la castaña

CUENTO DE LA CASTAÑA

Y como es costumbre, nada mejor que un sencillo cuento, dado la época del año en que estamos. Y por qué no, en ese tiempo tan interesante por estos lares, podríamos explicar el Cuento de la Castaña. ¿Por qué no?

Podríamos decir también que la castaña viene del castaño, y el castaño es el símbolo de ese Universo. El Árbol del Castaño es el símbolo del Universo porque con sus grandes ramas protege, da sombra y alimento al conjunto universal, simbólicamente, claro está. Pero aplicado a esta realidad 3D ofrece todo su sabor intrínseco.

Pues bien, existía una Castaña que había nacido en un lugar que estaba poblado de castaños. Y era el momento en que ella pretendía convertirse en un gran árbol del castaño, como los árboles que tenía a su alrededor.

Y también fijaba su atención en aquellas zonas en las que grandes castaños ofrecían sombra, alimento, belleza, a los seres que bajo ellos se juntaban, y charlaban, discutían amablemente, y disfrutaban, como digo, de sus alimentos.

La Castaña, la dulce y proteínica Castaña, sin embargo, tenía una duda y cierto miedo a ser plantada y convertirse en un hermoso Castaño, previamente teniendo que pasar por un gran esfuerzo y sacrificio.

Habría de ser enterrada en tierra, durante un cierto tiempo en completa oscuridad, y luego enraizarse y empezar a crecer, con gran esfuerzo, sufriendo las inclemencias del tiempo, las tormentas, el frío, los excesos de calor…

Y en este punto, en esta reflexión, se paraba nuestra Castaña, y pensaba que era una dedicación absurda, pudiendo convertirse, mágicamente, en un gran Castaño. Así, tal cual, pidiéndolo.

Y se fue a pedirlo a un gran Mago, y este, viendo la necesidad y el interés que tenía la Castaña, decidió ponerla a prueba. Y le dijo:

—Muy bien, ¿quieres ser un gran Castaño? Selo. Ahí estás.

Y, de golpe, se convirtió la pequeña e ignorante Castaña en un gran Castaño, de grandes hojas y largas ramas, lleno de castañas.

Y todo el mundo se acercó a protegerse, sobre todo en las épocas de mucho calor, y a guarecerse también en días de lluvia. Porque ese Castaño creado mágicamente, y eso sí, sin ningún esfuerzo por parte de la Castaña, se convirtió en un lugar agradable para los transeúntes.

Sin embargo había un pero, se creó una gran dificultad, y nuestra querida Castaña, convertida en un gran Castaño, tuvo una gran decepción. Sus frutos no eran buenos, eran amargos, eran tóxicos.

—¿Cómo puede ser? —se preguntaba la Castaña. —¿Cómo puede ser con un árbol tan bello como soy, con esas ramas, esas flores y esos frutos tan hermosos? ¿Cómo puede ser que sea tóxica, tanto, que incluso pueda envenenar o enfermar a los que ingieren mis frutos? ¡Esto no puede ser así!

Y acudió, a su llamada, el Mago que la había enraizado en aquella zona.

Y llorando amargamente y muy arrepentida del lugar en el que estaba, por cuanto iba produciendo un gran malestar a todo aquel que confiadamente se acercaba a su amparo, le preguntó el porqué, después de tanta belleza, ¿a que podía deberse que el fruto de tal belleza fuese veneno puro?

Y el Mago le contestó:

—Es que el Universo no únicamente pide belleza y hermosura, sino que además también pide esfuerzo, dedicación, entrega. No hay belleza sin haber detrás un gran esfuerzo y sacrificio. No hay belleza sin incluso la enfermedad. No hay belleza sin ese sacrificio que, necesariamente, tiene que pasarse para reconocerse uno a sí mismo, para la transmutación, para el desapego.

Tú has querido ser un gran Castaño, lo has deseado y el Cosmos, a través de mi magia, te lo ha concedido. Pero ahí tienes las consecuencias, te has convertido en un fabricante de castañas bordes.

Sí, porque tu fruto es borde2, cualquiera de tus castañas será borde, será tóxica. Y más te valdría no haber nacido en ese aspecto, por deseo. Tenías que haber nacido realmente con el anhelo de servir a los demás, en todos los aspectos, no únicamente con tu belleza.

La belleza es secundaria, lo importante es el fruto que anida en el interior de uno mismo, y entonces, a través de ese fruto que se entrega a los demás, ahí se transparenta la belleza, la gran belleza que se pide indiscutiblemente en el Universo, a cambio de un gran esfuerzo.

Así que, amigos, amigas, podéis daros cuenta, parecía como que no había marcha atrás, que el Castaño habría de convertirse y dar sus frutos de forma tóxica, y crear castañas bordes.

Pero, ¡ah!, el Universo tenía una carta en la manga, sabía a qué jugaba, y el Mago lo sabía también. Y jugó con esa magia. Y viendo que realmente la Castaña había aprendido la lección, le dijo:

—Vuelve a ser Castaña. Y ahora escoge tu camino, tu propio camino, y tú verás… Haz lo que quieras libremente. Eres libre, actúa con libre albedrío. ¿Qué piensas hacer?

Castaña se volvió. Dio gracias por la lección aprendida y se enterró en tierra, esperando acontecimientos. Duros acontecimientos le esperaban para convertirse en un gran Castaño y ofrecer belleza y alimento, a la vez.

Amados hermanos y hermanas, ahí tenéis el cuento de Navidad, un simple cuento, un sencillo cuento, pero podéis extraer de él grandes conclusiones, porque en realidad la fuerza está en lo pequeño.

Amados hermanos y hermanas, recibid mi bendición.

Amor, Shilcars.

1131. LA BELLEZA SE OBTIENE CON ESFUERZO

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