
TALLER DE INTROSPECCIÓN EN EL MUNDO DE LA MICROPARTÍCULA
Comunicado 690
MELCOR
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Vamos a cerrar los ojos y, con todo el amor que somos capaces de generar, eso es, con toda la tranquilidad de la que somos capaces, iremos trabajando en este mundo “desconocido”, entre comillas, pero que es la base fundamental de nuestra razón de ser y existir aquí y ahora, en este tiempo.
Nada existe a nuestro alrededor. Está todo oscuro. Nuestro pensamiento 3D se halla desconectado de esta realidad, sin embargo somos capaces de generar una nueva. Una nueva realidad que se abre ante nuestro pensamiento.
Esa realidad, para vislumbrarla, solamente es preciso desapegarnos de todo lo que nos rodea físicamente. Por lo tanto, nada nos ha de ocupar o preocupar.
Y nuestra atención únicamente se dirige hacia un punto de nuestra mente, el cual también, inexistente, se creará a su vez por nuestra voluntad de hacerlo visible ante nuestra visión estereoscópica.
Vamos respirando profundamente, nada nos altera, nada nos preocupa, solo ese instante en el que ahora mismo estamos.
Efectivamente, somos capaces de aislarnos de nuestro entorno.
Somos capaces de penetrar en el mundo de la partícula, ese micromundo que es la razón de ser de todos y cada uno de nosotros.
Y en ese punto pedimos la presencia de nuestro hermano Talía, que también está aquí, junto a nosotros. El cual se hace visible a esta visión estereoscópica profunda de nuestra mente.
Tenemos a nuestro hermano enfrente y le abrazamos, sonriendo, y él nos devuelve la sonrisa con su amabilidad característica y su amor profundo. Sabe que le amamos, pero al mismo tiempo respetamos su decisión.
Este hermano ha decidido tomar su propia revolución de la consciencia, porque ha entendido claramente el mensaje de su propia réplica genuina.
Y está avanzando rápidamente hacia el despertar de su propia consciencia.
Este hermano está transmutando hacia nosotros su propio despertar, su valioso despertar.
Le pedimos permiso para adentrarnos mucho más a fondo en su concepción adeneística y cromosómica. Somos capaces de ello porque así lo creemos. Y avanzamos dentro de ese mundo de la partícula y observamos sus células, una cualquiera de ellas.
Efectivamente, la observamos. Y al mismo tiempo le mandamos toda nuestra energía vivificadora, amorosa.
Sabemos que nuestros demás hermanos del Púlsar Sanador de Tseyor están presentes en esta experimentación y vivencia.
Todos juntos observamos, y solo observamos, su evolución.
Todos y cada uno de nosotros, pues, obtenemos las debidas conclusiones de dicha observación.
Todo el panorama que se observa en ese micromundo es porque así ha de ser, por la propia voluntad de la réplica. Ella, en su sapiencia, sabe lo que hace en todo momento.
Nosotros, como simples observadores, y prudentemente distanciados de esta causa que ha generado el efecto, tan solo comprobamos su realización.
Observamos, pues, este gran escenario, maravilloso, y pedimos humildemente que se haga todo lo posible para respetar verdaderamente el deseo, el anhelo, de la propia réplica en dicho proceso regenerador.
¡Así sea!
Amigos, supongo entenderéis algún día, y por qué no acaso hoy mismo, la importancia de dicho acto o ejercicio de introspección, en el mundo de la micropartícula.
Espero también entendáis que, aún en la ignorancia en la que todos nosotros nos encontremos, debemos ser respetuosos con la acción dimanada de dicho acto. Respetuosos también con la voluntad que lo ha generado.
Y respetando siempre la voluntad genuina, originaria, que ha generado dicho efecto. Sin duda alguna una causa trascendental.
Si verdaderamente habéis llevado a cabo el trabajo en cuestión, el ejercicio del cual hemos tenido oportunidad de experimentar, sabréis todos y cada uno de vosotros lo que más conviene hacer.
Y si vuestra mente no ha actuado de forma que os haya sido posible presenciar ese mágico acto grupalmente llevado a cabo, paciencia también. Todo llegará.
Este ha sido el motivo de mi intervención, aquí y ahora, espero que todos unidos sepamos siempre maniobrar la nave de nuestro equipo.
Solo así, con armonía, equilibrio y buen corazón, podremos seguir navegando por ese mundo infinito de la partícula. Y aprendiendo, asumiendo y transmutando, tanto de nuestra parte como por parte de los hermanos que se prestan amorosamente a hacerlo en beneficio de todos nosotros.
Amor, Melcor.
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**Del Comunicado