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Es decir, los aprendices a los que ahora llamamos autóctonos van a convertirse muy probablemente en grandes maestros.
Así que todo es relativo, todas las dificultades lo son, pero hay una verdad incuestionable y esta es la toma de consciencia.
Y es entonces que hemos de preguntarnos ¿por qué error?, ¿por qué hablamos de error?, ¿por qué nos equivocamos? Y luego hemos de puntualizar y hablar del por qué hay error y equivocación.
Lo que vemos en el mundo de manifestación es eso: objetividad. Un orden. Un equilibrio. Porque si así no fuere, no existiría dicho orden ni equilibrio, sería un caos.
Y el resto, quien no despierte esa mínima consciencia a la que me he referido, seguirá deambulando por un mundo de tinieblas.
Pero es así como funciona el tiempo no-tiempo, la virtualidad. Somos capaces de retroceder al pasado e irnos conscientemente a ese pasado para investigar.
Cuesta entenderlo porque precisamente el medio se pone en medio. Se pone enfrente, cual muro. Pero es un muro que tenemos que analizarlo y entenderlo también.
Con el entusiasmo, la pura creatividad se transforma en un pensamiento objetivo. Y el pensamiento objetivo es todo menos rutina, por eso se pide entusiasmo.