420. Oigamos al Amigo Interno y al Cristo Externo. (cont. Taller "La llamada de un amigo")

undefined

CONVERSACIONES INTERDIMENSIONALES NÚM. 56/2011

Periodo V Edición 00

Núm. 420 Barcelona. Sala de la Tríada de Tseyor (sistema Paltalk)

22-09-2011

tseyor.org

En la reunión de hoy hemos realizado el taller de autoobservación de Melcor, contenido en la Comunicación 419 de la Tríada: “La llamada de un amigo”. Ha sido un taller que ha motivado mucho la participación de todos los concurrentes, que han hecho interesantes aportaciones a través del audio y de la escritura en pantalla.

Al final de la reunión, Melcor ha pedido la palabra y nos ha dado el siguiente comunicado.

undefined

420. OIGAMOS AL AMIGO INTERNO Y AL CRISTO EXTERNO

(CONTINUACIÓN DEL TALLER:

“LA LLAMADA DE UN AMIGO”)

.

Melcor

Amigos, hermanos, colegas de la Tríada, mi Tríada favorita, buenas tardes noches, soy Melcor.

-Sí, amigo; me referí a un amigo.

Cuando uno no reconoce a los amigos de verdad es porque, tal vez, no se reconoce a sí mismo. Porque el mejor amigo de uno mismo está en sí mismo.

Claro, “la llamada del amigo” puede proceder de nosotros mismos.

¡Ah!, esa llamada que nos inquieta, que nos habla constantemente, pero que no la entendemos como la del amigo, porque generalmente nos pide cosas que no entran en nuestros cálculos, en nuestros proyectos, en nuestras ilusiones.

Entonces acallamos la voz de ese amigo. Pero él nos habla, nos explica, nos pide también, que reflexionemos. Y cuando no oímos a nuestro amigo, entonces nos queda únicamente esperar a que la flauta suene, y alguna vez suena, o es por casualidad, pero no siempre sucede así.

Este amigo, ¡amigo de verdad!, cuando nos habla habremos de situarnos en una óptica trascendental para oírle, si queremos realmente oírle.

Yo os aseguro que si nos situamos en esa órbita en la que es posible sintonizar verdaderamente con nuestro amigo, es decir, llegamos a oír conscientemente su llamado, no habrá duda, partiremos. Y partiremos hacia donde sea, hacia cualquier lugar, esté donde esté.

Y no únicamente pensaremos -que también así sucede muchas veces, y casi siempre- en una partida física, hacia otra dimensión, sino también pensaremos en que nuestra ubicación habrá de cambiar.

Y ¿cómo cambiar de ubicación y situarnos en otro lugar? Que tampoco puede ser muy lejano, pero puede serlo, sino en una órbita en la que sintonicemos verdaderamente con nuestro amigo.

Claro que nuestro amigo siempre nos pondrá alguna prueba, nos pedirá un pequeño esfuerzo. Y lógico es que no reconozcamos tan fácilmente a nuestro amigo, si este se decide a venir físicamente, porque también de eso se trata.

Puede que nuestro amigo se presente ante nosotros, y lo sea de verdad, pero su apariencia no encaje en nuestro proyecto, en nuestra escala de valores. Puede también que nuestro amigo sea un harapiento, un vagabundo, un necesitado…, y rechacemos de plano su ofrecimiento. Claro que también este amigo necesitado lo hace adrede, nos pone a prueba y nos pide que le acompañemos.

Y claro, acompañar a un vagabundo, a un harapiento, o a cualquiera que esté en cualquier otra parte del mundo, necesitado, no entra, no encaja en nuestras posibilidades de evolución.

Por eso es importante estar alerta, y cada uno puede recibir al amigo, al amigo de verdad. Lo que va a pasar es que no le reconozcamos, que no le creamos, porque nuestro nivel de autoobservación, nuestro nivel de consciencia, no llegue aún a comprender el estado en que es necesario estar para comprender la llamada de un amigo.

Para aquel o aquella que tiene estructurado su funcionamiento orgánico, su familia, sus hijos, su negocio, sus intereses…, bastará tan solo que piense profundamente, que reflexione, que se autoobserve, y que comprenda que todo lo que tiene lo ha puesto él o ella adrede, y muchas veces por miedo a reconocerse profundamente.

Por negarse a escuchar al verdadero amigo, se ha puesto en el centro de una gran muralla de intereses, sociales, familiares, etc.

Habremos de comprender ese aspecto, y dotar a nuestra imaginación de algo más. Como se dotan los verdaderos artistas, los verdaderos creativos, que beben de la inspiración, y crean sus melodías. Y las crean porque están en conexión profunda con la adimensionalidad, con la creatividad. Otra cosa es el uso que aquí, en 3D, hagamos de esa creatividad.

Estamos en el mundo de manifestación, y dicho mundo se diversifica infinitamente, y cada uno puede escoger, de la creatividad en suma, lo que le apetezca, y enfocarla hacia los fines que crea convenientes. Y muchos de nosotros nos negamos a nosotros mismos, obteniendo del fruto de la adimensionalidad un interés material. Por miedo, por egoísmo, por ambición, por deseo, etc. etc.

Así amigos, colegas, oigamos al amigo interior, profundo, pero tengamos también un estado de alerta perenne, porque el cosmos cuando ve la imposibilidad de que conectemos con nuestro amigo profundo, nos ofrece aquí, en el mundo de manifestación, delante nuestro, otros amigos verdaderos, pero la clave está en darse cuenta de ello, de que son amigos verdaderos, porque nos necesitan.

Y la prueba que habremos de superar, es darnos cuenta de que esos amigos que están en el exterior, formando espejos múltiples, verdaderamente nos necesitan, y que al mismo tiempo les necesitamos.

Y si aún y todo viendo que a nuestro alrededor existe esta necesidad, viéndolo desde este prisma interior, nos negamos a ello, y hacemos como que no lo queremos ver, porque, ¿cómo vamos a creer en el Cristo Cósmico cuando ante nosotros se nos presenta un enfermo, un hambriento…? Tanto aquí, en nuestros lugares de residencia, como en el fin del mundo.

¿Cómo vamos a creer en el Cristo Cósmico cuando vemos un necesitado tan deplorable, aparentemente, si nosotros creemos, estamos convencidos, que el Cristo nos va a venir con una legión de ángeles, y con un coro anunciando la buena nueva e invitándonos a proseguir por esa andadura del bien sobre el mal?

No, amigos, aquí nos equivocamos, o podemos equivocarnos. El Cristo Cósmico se presentará ante nosotros, y de hecho se presenta constantemente, porque para ello tiene esa facultad, y se nos presenta con mil y un disfraces.

Lo Inteligente en nosotros, Inteligente en mayúsculas, será descubrir que ante nosotros tenemos al Cristo, y la prueba la venceremos cuando realmente comprobemos, a través de nuestro pensamiento interior, profundamente, que habremos de seguirle.

Aunque tampoco esperaremos a que nuestra acción ayude a resolver la miseria y la pobreza del mundo, porque siempre habrá miseria y pobreza. Nos limitaremos a fluir, y en especial a trabajarnos profundamente, y de una vez por todas, para eliminar de nosotros mismos, de cada uno en particular, la miseria y la pobreza que arrastramos desde siempre.

Amigos, colegas, gracias por vuestra atención. Melcor.

Comentarios