
CONVERSACIONES INTERDIMENSIONALES NÚM. 90/2012
Periodo VI Edición 00
Núm. 454 Barcelona. Sala de la Tríada de Tseyor (sistema Paltalk)
17 mayo 2012
Hoy hemos estado leyendo y comentando el comunicado 453, “Somos niños”, hemos comentado las preguntas y respuestas que hizo Estado Pleno Pm, en relación con la sanación y el contacto con la naturaleza. Estando hablando de estas cuestiones ha pedido intervenir Melcor.

454. AHORA TOCA RECONOCERNOS
EN NUESTRO AMBIENTE NATURAL
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Melcor
Queridos amigos, colegas de mi Tríada favorita, soy Melcor.
Sí, ciertamente, mi Tríada favorita, por cuanto me siento muy vinculado a esta Tríada, que en esencia personifica la primigenia presencia de los atlantes que vinieron aquí a desarrollar un nuevo hábitat y costumbres, aprovechando la excelente vibración de tan lindo Planeta Azul.
Nosotros todos somos descendientes de dicha civilización; ahora representamos a nuestros ancestros. Lógico será que respetemos su memoria, que está viva, muy viva y presente en nuestros cromosomas y ADN. Enraizados en nuestro común denominador, como esencias o réplicas y que, gracias a ello, podemos instaurar aquí y ahora un nuevo procedimiento para refrescar lo acontecido, los pensamientos que hicieron posible el desarrollo de esta raza y situarla, aun dentro del paréntesis, ahora, en un nivel muy superior.
Cierto también que no recordamos apenas nada del pasado, de este pasado surtido de reencarnaciones. Miles y miles de ellas, y que cada vez han hecho posible el reconocimiento, tarde o temprano, de nuestra real situación y presencia aquí y en todos los mundos y multiversos en los que habremos sido capaces de replicarnos.
Formamos parte de todo un conocimiento universal. En nuestro interior mental, fusionándose con el Sol Central del Universo, se halla en nosotros todo el conocimiento. Y ahora se nos brinda la oportunidad de refrescarlo, de recomponerlo y revestirlo de una cierta nota musical, muy superior en vibración, que haga posible fusionar todas nuestras réplicas y llegar a recordar evidentemente todo nuestro bagaje de conocimiento universal.
Ahora es el momento de empezar a propagar la simiente de este reencuentro con nosotros mismos. Ya no es tiempo de dispersarnos, de confabular entre nosotros mismos para ver qué posición ocupamos en ese imaginario árbol del castaño, que cual árbol genealógico nos marca una determinada posición en el mismo.
Estamos todos en el mismo nivel, por lo tanto es absurdo buscar o hallar posicionamientos determinados distintos. Ninguno de nosotros somos distintos. La vibración alcanzada es similar, para todos igual. Aunque distinta por su pertenencia a otras fases del sistema binario1, producido evidentemente por nuestra procedencia, mejor dicho, por la procedencia de nuestra réplica en un estado vibratorio determinado.
Pero eso no significa ninguna diferencia, sino tan solo una marca muy poderosa y que jamás será borrada de nuestra esencia, por cuanto la misma esencia absoluta nos ha brindado este poderoso atributo.
Sin embargo, aquí y ahora, nuestra mente nos está jugando la última partida, nos está retando para ver si finalmente jugamos nuestras cartas correctamente y armoniosamente, y nos damos cuenta que todos los que estamos en este círculo maravilloso somos ganadores.
Esto quiere decir que no habrá vencidos, únicamente vencedores. Teniendo en cuenta que los vencedores lo habrán sido por haber despertado, por haber sido pacientes, por haber sido honestos consigo mismos, por haber tenido una mente clara y transmitir al colectivo claramente su pensamiento, no buscando otro interés que el favorecer la claridad y la luz en la mente de los demás hermanos.
Digamos que cual chispas de luz alumbraremos el camino de nuestros hermanos, porque ellos sin duda nos señalarán el camino a recorrer.
Y esto significa retroalimentación pura, y en el universo no existe nada más que no sea el procurar dar la luz a nuestro hermano, procurarle un camino fácil, alegre y con la ilusión de sentirse arropado. Transmitiéndole la ilusión también de que no anda solo, que no está solo, aunque aparentemente pueda parecerlo, sino que anda conformado intrínsecamente por la energía y el pensamiento amoroso de todos, y además de todos sus ancestros.
Ahora es el momento pues de empezar a despertar. Y lógicamente lo haremos en unidad, yendo todos en una misma dirección, con un mismo pensamiento de hermandad, aunque para el recorrido vamos a precisar experiencia, rescatar conocimiento, recuperar memoria y darnos cuenta que todos unidos participamos del juego cósmico y por lo tanto que en ese círculo mágico somos vencedores.
Aunque, claro está, recordando el Cuento del Planeta Negro: todos unidos sin faltar uno solo. Aunque no podamos evitar la autoexclusión, esto es evidente, pero el colectivo nunca, nunca, habrá de caer en la tentación de excluir a nadie.
Y para llegar a este punto de conocimiento interno, para llegar a la independencia mental, para sentir en nosotros el completo libre albedrío, hemos de tener conocimiento, o al menos permitir que los demás lo tengan, que es lo mismo. Porque si permito que mi hermano traspase el umbral, aun a costa de mi propio sacrificio, mi hermano, desde el otro lado, me echará una mano, y todos al fin seremos, como digo, vencedores.
El que está bajo la torre, soportando el peso de los demás hermanos que sobre él se hacinan para atisbar un nuevo horizonte, todo y su gran sacrificio, todo y su gran dificultad para observarlo, porque dada su situación no puede hacerlo, sonríe feliz porque coparticipa a que el horizonte sea atisbado y explorado e identificado, por los demás hermanos a los que soporta.
Claro que una vez se haya conseguido el objetivo, desde el otro lado, con miras mucho más potentes y efectivas, los pocos hermanos que hayan observado ese nuevo horizonte, les será muy fácil aupar a los rezagados, y mucho más fácil será recoger a los que con esfuerzo se han sacrificado para que ellos lleguen a dicha altura de miras.
Por eso, amigos hermanos de mi Tríada favorita, ahora solo queda que os deis cuenta que todo esto, que no es más que un juego, por ahora, necesita una práctica. Hemos vivido durante muchos cientos de años a merced del conocimiento de los demás y, afortunadamente o desgraciadamente, del interés de los demás. Y ahora en estos tiempos de tanta técnica y tanta ciencia puesta al servicio de todos, aun el hecho se ha agravado mucho más.
Confiamos mucho en nuestros conocimientos científicos, y eso está muy bien, porque el esfuerzo derivado de quienes estudian cualquier rama de la ciencia nos sirve a todos, pero aun no es suficiente.
Y reconociendo que formamos parte de un organismo vivo, que nuestro organismo físico no es ni más ni menos que materia atómica compuesta de elementos minerales diversos, sabiendo que nosotros pertenecemos físicamente y de pleno derecho a la propia naturaleza, es evidente que habremos de hacer un esfuerzo y reconocerla en profundidad.
Ahora es, pues, el momento de empezar a reconocer todo aquello que nuestro organismo necesita, que está muy bien que utilicemos la ciencia para nuestro progreso, tanto físico como mental, para restablecer la salud, es evidente que no podemos prescindir de tan buenos adelantos, pero además se hace necesario que individual y colectivamente el grupo reconozca a fondo todo aquello que forma parte de su esencia física: aquellas plantas, aquellos minerales, aquellas técnicas ancestrales que han permitido que el ser humano atlante sea hoy lo que es.
Y sobre todo que permanezca puro en un estado adeneístico, que no tenga en su ADN malformaciones, aberraciones… Que no tiene nada que ver con las dificultades que física y mentalmente pueda uno tener, no nos confundamos.
Así que toca ahora conocer más a fondo la dinámica de las plantas en general, cómo pueden favorecernos, cómo aprovecharlas, cómo aplicarlas para que nuestro organismo físico y mental esté en debidas condiciones, y más teniendo en cuenta los tiempos que corren, de gran dificultad, desbarajuste, dispersión, confusión.
Así que amigos, repito, ahora toca empezar a reconocer las facultades y capacidades que a nuestro alrededor tenemos y que abióticamente desconocemos, pero que sin duda alguna, con la ayuda grupal, con un pensamiento común, llegaremos a reconocer.
Porque reconociendo el ambiente que nos rodea, la naturaleza pura y simple que nos rodea, llegaremos a comprenderla mucho mejor. Tanto la externa como la propia naturaleza del individuo.
Mirad que es fácil observar una flor y reposar en ella como si fuésemos la misma flor. Mirad que es fácil observar el vuelo de un pájaro y volar como si fuésemos él mismo. Mirad que es fácil imaginar cualquier planeta perdido en el universo e instantáneamente radicarnos en él y disfrutar del mismo. Mirad que todo eso es muy fácil de conseguir, pero ante todo vamos a precisar conocimiento, y lo más importante una mente despierta, bondadosa, amorosa y hermanada.
Por eso, repito una y otra vez, ahora toca reconocernos en nuestro ambiente natural. Sin prescindir por ello de la técnica y la ciencia que nos acompaña y que nos acompañará siempre, cual privilegio obtenido por nuestra raza. Pero habremos de volvernos humildes, sencillos y reconocer en una simple semilla la llama viva del amor con su gran potencial creador. Todo ello si queremos alcanzar la liberación, volar como las águilas y reconocernos en nuestros múltiples mundos replicados.
Nada más, amigos, hermanos, colegas. Reflexionad sobre el enunciado. Hay mucho que pensar y mucho para ponernos en marcha definitivamente, esta es nuestra opinión y ahí os la transmitimos, tan solo como sugerencia.
Repito, ahora ya toca.
Amor, Melcor.
Castaño
Gracias Melcor por el mensaje, que nos parece muy adecuado y en relación con él te quería preguntar que en la naturaleza también cuentan las energías, los espíritus de la naturaleza, las hadas, las sílfides, los gnomos…, las criaturas energéticas que construyen las formas y que a veces se asoman a nuestra percepción y nos saludan porque son muchas de ellas cariñosas, simpáticas y muy afines con los seres humanos. En este componente de comunión con la naturaleza, ¿también podríamos incluir a los elementales?
Melcor
No hay diferencia, todo es vibración. Y cada uno, cada esencia, puede replicarse en cualquier parte para precisamente la experimentación.
Navidad Azul Pm
Hola Melcor, vivo en la ciudad, tengo el campo bastante lejos, pero cuando voy a él o a un parque, me gusta mucho tocar los árboles y mirar las plantas y las flores. Yo soy parte de todo eso. Es muy bueno tocar los árboles, abrazarlos, sentirlos.
Quería preguntarte otra cosa, siento tu energía y te siento muy familiar, muy cercano, como si te conociera de otra vida, ¿es así? ¿Nos conocemos de otra vida, Melcor?
Melcor
Sí, ciertamente, todos formamos parte de un gran equipo, que simboliza el Consejo de los doce, y fiel reflejo de la solicitud del Cristo Cósmico, del pequeño Christian del cuento. Y cada uno ha elegido un rol, y lo ha elegido en función de su necesidad de trabajar.
Sí, realmente somos lo mismo, somos la misma civilización. Unos en un lado y otros en otro, llevando la luz, la pequeña luz del conocimiento por doquier.
Coordinador
Muy brevemente, si lo he entendido bien, se trataría de trasladar la conciencia a plantas, naturaleza, animales… ¿Sería esto el ejercicio?
Melcor
Incluso más allá, porque para reconocer exactamente las capacidades y posibilidades de una planta, debemos sentirnos la propia planta y vibrar con ella. Y esto únicamente se consigue traspasando los niveles de la tridimensionalidad y reconocerla en esencia. Reconociéndola pues, trabajaremos a su rimo, en su nivel, en su vibración, y aplicaremos sus posibilidades para la sanación.
Así que ya veis, no es tan fácil pero no imposible. Hemos de reconocer lo que nos rodea profundamente, pero ninguna obligación representa, porque no se trata de querer ni de desear, se trata solo de anhelarlo profundamente.
1 El sistema binario solo se representa con ceros y unos (0,1). En Tseyor los HHMM nos hablan del espacio 0 y del espacio 1. Fragmento comunicado a los Muul, Núm. 55, 15/05/2012. Shilcars: “¿Cuál es el objetivo? Establecer la normalidad entre el espacio 0 y el espacio 1. Establecer la debida convivencia entre el mundo tridimensional y el adimensional, la correspondencia entre los dos mundos. Este es el estado normal que han de alcanzar vuestras mentes.”