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Palabra maya que significa cautivar. Se pronuncia de una forma muy suave bassk. Empleada por los
Máak de Mazatlán para nombrar la energía de los niños recién nacidos, es de un color amarillo dorado, copia del color blanco de la réplica genuina. Se utiliza como mantra para favorecer la autoobservación y conexión con nuestra esencia.
El baksaj originario es puro, pero a lo largo de la existencia se va oscureciendo y ello nos aleja de nuestra consciencia genuina, por eso hay que purificarlo mediante la transmutación para conseguir recuperar la vibración de nuestra realidad primigenia.
Hay un baksaj individual, puro o contaminado, según los casos, pero se puede dejar atrapar por el de los demás.
Y hay un baksaj global o colectivo, dependiente del egrégor del planeta Tierra. En este baksaj global también estamos atrapados y tenemos que ir liberándonos del mismo mediante el contraste de ideas en hermandad, hasta trascenderlo y situarnos en una zona intermedia, un lugar donde nuestro pensamiento reposa, descubre, imagina y crea.
Con ello crearemos un baksaj puro, un nuevo egrégor global, que sirva para sentirnos libres de pensamiento y de acción y nos descubra un mundo nuevo.
Librarse del baksaj adquirido o tomado de prestado no es tarea fácil, pues está anclada en nuestros cromosomas y nos hace esclavos del mismo. Por tanto, purificar el baksaj requiere atención, vivir alegremente, autoobservación y un esfuerzo mayúsculo y a veces doloroso.