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Se trata de alcanzar el conocimiento y la percepción de la realidad profunda que somos, a través de la introspección, de la intuición, del acceso a los planos superiores de nuestro ser. Este descubrimiento es la meta de nuestra evolución como seres pensantes.
Somos partes, infinitas partes de una realidad que navega por ese cosmos holográfico buscando respuestas. Y para ello este mundo de manifestación nos ha dotado de un cerebro. De un arma muy poderosa para el descubrimiento de uno mismo.
Sin embargo, no nos da todas las herramientas. Nos deja a oscuras con una posibilidad de renacer de ese fuego interior, que se halla indiscutiblemente en la posición microcósmica. Siendo así que podemos ir hallando soluciones y respuestas a través de sumergirse en ese mundo, auscultándolo concienzudamente a través de la mirada profunda de nuestro pensamiento. Aunque no siempre hallamos las respuestas adecuadas, porque no siempre nuestra capacidad intelectual superior está disponible para ser utilizada.
Se necesita pues un aporte de energías, especialmente de anhelos, para ir descubriendo esa realidad a medias que es nuestra existencia tridimensional. Realidad a medias, porque a medias estamos navegando entre un mundo manifestado e inmanifestado.