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El grupo Tseyor y su filosofía han ido creciendo lentamente, desde algo muy pequeño, como es la micropartícula, no para convertirse en una creencia o en un dogma, sino para proporcionar herramientas teóricas y prácticas que permitan experimentar por uno mismo. No pretende competir con otras filosofías ya establecidas, pues sabe que en el cosmos todas las civilizaciones parten del mismo tronco común, que es la energía del pequeño Christian, pero no para establecerse como creencia, sino para invitar a la experiencia teórica y práctica de la realidad de los mundos.
La transmisión de esta filosofía por medio de comunicaciones interdimensionales canalizadas en directo, se ha hecho con la ayuda de hermanos mayores que conocen muy bien la psicología humana de este planeta, aun y todo, la consolidación del grupo Tseyor no ha estado exenta de riesgos de desaparición, como ha ocurrido con tantos grupos de contacto, que han estado basados más en el deseo que en la unidad y la hermandad objetiva y pura.