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La ausencia de manifestación, el punto en que el Absoluto reside antes de manifestarse indirectamente. La nada no es vacío, es el Todo en su sentido más pleno, aunque no manifestado. Contiene todos los potenciales de la manifestación. Por eso se puede decir que la Nada es el Todo. Por la intermitencia cuántica, el universo, a intervalos muy breves, se sume en la nada y reaparece renovado al instante, nuestro ser lo hace de forma inconsciente, pero también podríamos hacerlo conscientemente, teniendo la experiencia de la nada. Esta experiencia puede ser fuerte, pues en ella comprobaríamos que nada somos. Sin embargo, desde la nada podemos cocrear un universo o una experiencia más perfecta.
Hay que entender que la nada no es la adimensionalidad, ya que esta es también manifestación.
“(…) todo es ilusión, todo es fantasía, todo es nada. Aunque curiosamente de esa nada en la que todo es ilusión porque nada es, puede la consciencia brillar y cada vez con más ímpetu, trasladando la propia esencia de un mundo infinitesimal comprendido en el ojo de una aguja tan solo. Y mucho menos, más pequeño que el ojo de una aguja, pero más grandioso de lo que la mente puede llegar a imaginar.
Porque, sencillamente, el único factor que prevalece en este Universo es el pensamiento. El pensamiento no tiene espacio ni lo necesita, tampoco necesita una capacidad para almacenarse. El pensamiento puede abarcarlo todo en ningún sitio. Y ahí está la verdadera razón del porqué el interés del atlante en hallar explicaciones a todas esas incógnitas.” Rasbek TAP 211.