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La mente se bloquea y crea cortocircuitos que a la larga producen una enfermedad. La risa y la sonrisa desbloquean esos cortocircuitos y previenen la enfermedad. El hombre inteligente ríe, y sonríe. Siempre sonríe, precisamente porque al sonreír se puede dar cuenta de que pertenece a un mundo de ilusión, ficticio, donde las preocupaciones son el caldo de cultivo de las enfermedades, y por eso el hombre inteligente sonríe.
Nada es más necio que la seriedad impuesta. La seriedad solo es patrimonio de los injustos, de los que
no saben sonreír, de los que creen que este mundo es tan serio que únicamente con la seriedad se va a descubrir ese infinito mundo de percepciones. Y están muy equivocados quienes dan demasiado énfasis a la seriedad de sus pensamientos.