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Estado de lucidez que nos permite darnos cuenta de las cosas y de los pensamientos. Se dice que tenemos una consciencia más o menos amplia, abierta y comprensiva. Muchas veces los intereses o perspectivas e iniciativas de nuestra consciencia no coinciden con los de nuestro ego.
Los hermanos mayores nos sugieren que nos movamos
simultáneamente en dos consciencias paralelas, mediante la autoobservación y la transmutación, la de este plano 3D y la de nuestras réplicas en los mundos paralelos.
A veces se utilizan indistintamente los términos conciencia (la representante de nuestro espíritu que nos permite darnos cuenta de lo que somos) y consciencia (estado de alerta y conocimiento), los dos derivan del lat. conscientia, y en muchos textos y diccionarios se toman como términos idénticos. Solamente cuando se habla de conciencia moral es cuando su significado no es equivalente a consciencia o estado de percepción despierta.
Existe también una consciencia cósmica, que todo lo abarca y es libre y creativa, esta consciencia no está sometida al superprograma informático que rige el cosmos holográfico cuántico, porque no obedece a ninguna lógica. Cada uno de nosotros disponemos de nuestra consciencia libre y creativa.
Mediante la soledad más profunda podemos conectar con nuestra consciencia, podemos llegar a conectar directamente con nuestra consciencia, que está libre del programa informático que rige este plano 3D. La consciencia actúa y no se equivoca nunca cuando actúa.
Desde esta consciencia reconoceremos a nuestros compañeros y al mundo que nos rodea, sobre todo la psicología y la mente de los individuos que solo actúan con lógica. Observar de esta forma a los demás nos servirá de espejo para ver nuestra propia reacción y la forma que nosotros podemos también trabajar y accionar.
Y habremos de actuar pensando siempre en los demás, pensando que lo mucho o lo poco que hayamos podido crear, desde la soledad, desde la autoobservación, no nos pertenece, porque todo es de todos. Este es el fundamento de la hermandad y de las sociedades armónicas, dar sin esperar nada a cambio, sabiendo que donde todos dan, todos reciben.
“Decimos muy a menudo no estamos solos, estamos acompañados, en primer lugar por nuestra propia consciencia, que esta nos acompaña siempre y vive y afronta realidades tales como las que se pueden presentar en esta 3D. Que en el fondo son realidades subjetivas, ilusionantes y, a veces, incluso difíciles de digerir por una mente basada únicamente en el deseo y con un pensamiento puesto en la supervivencia y muy especialmente dotada de miedo, miedo al futuro”. Rasbek com. 1252.