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El cuerpo físico es un cuerpo atómico, un agregado de billones de átomos formando moléculas, células y órganos. En este sentido, nuestro cuerpo comprende la base de todo el universo, y como todo lo que es arriba es abajo, en dicha correspondencia nuestro pequeño universo, nuestro microuniverso, que es nuestro organismo, es en realidad reflejo del gran universo, del macrouniverso. Como tal universo es pensamiento producto del Fractal.
Sin embargo, no somos nuestro cuerpo físico, no somos nuestro pensamiento tridimensional.
El ego se identifica con el cuerpo físico y este pide cada vez más, reclama sus derechos, por cuanto es lo único que conoce, no obstante, habremos de amarle y respetarle.
Después de la llegada del rayo sincronizador nuestro cuerpo físico se volverá mucho más sutil, se volverá transparente y nos permitirá desenvolvernos por muchos más mundos.
El cuerpo físico, molecular, ha de ir ascendiendo escalones, subiendo escalones en una espiral infinita.
Somos dos entidades claramente diferenciadas, la representada por nuestra consciencia y la representada por nuestro cuerpo físico, la una no tiene nada que ver con la otra. La entidad que conforma nuestro ADN y cromosomas puede vivir separada de la consciencia. La unión de ambas es muy frágil, el espíritu puede salir del cuerpo con un simple estornudo, pero también con pensamientos de odio, de egoísmo, por baksaj, por sahkil. Esta separación se puede volver permanente, y el cuerpo se convierte en una sombra del espíritu, embargada por el odio o por el miedo.
La micropartícula, nuestra consciencia, insufla al cuerpo vitalidad, gracia, creatividad, equilibrio, bondad. Mientras que el deseo nos separa de nuestra consciencia, de nuestra esencia, pues la lógica del espíritu no es la del deseo individualista, sino la de la unidad y la hermandad. Tenemos que procurar la unidad con uno mismo para que nuestra consciencia se transparente en nuestro cuerpo.
Para extrapolarnos, necesitamos desconectar del cuerpo físico o de la mente, para conectarnos con la mente superior, mientras que el cuerpo queda en equilibrio, en reposo.
Nuestro cuerpo físico actual nos desconecta de nuestra consciencia, pero si lo regeneramos se volverá sano y se convertirá en un cuerpo permanente, que no nos limitará.
Afortunadamente se ha dotado al cuerpo humano en vuestra presencia aquí, en este planeta, de un determinado tiempo de duración precisamente para que el ego, en esa visión materialista, propia de la pura materia, por lo que de esencia le
corresponde, pueda determinar que ha finalizado su periodo de tomar, de prender, de acumular.
“Y afortunadamente también muchos y muchas, cuando han llegado a ese periodo en el que la vida les ha proporcionado determinadas experiencias, llegan a reflexionar profundamente sobre su situación, sobre su acción y mucho más sobre su actuación y puede que en ese momento de reflexión transmuten por comprensión y se den cuenta de su gran error.
Entonces, cuando se llega a este punto, cuando el individuo se da cuenta de su error, que lo ha sido por una constante existencia procurando su mejoramiento material, su poder en prebendas y riquezas y privilegios, cuando verdaderamente se da cuenta que esto es una burbuja y la misma, dicha burbuja, le explota ante sus narices y observa que nada existe a su alrededor, excepto su propia espiritualidad, cuando se da cuenta que la materialidad a la que tanto suspiraba se ha convertido en nada, porque nada es, aunque todo es energía, en ese instante llega la comprensión y la transmutación. Y en este momento ese ser ya no es un ser materialista puramente, sino que consigue el debido equilibrio entre la materialidad y la espiritualidad y se ofrece ante el desapego.
El desapego le abre los brazos y le promete continuidad y le asegura seguridad, pero una seguridad en su propio pensamiento, porque es el único elemento estable que puede proporcionarle la vida eterna. Lo demás es baladí, lo demás es temporal, lo demás es una ilusoria actuación de un pensamiento materialista que, en su ensoñación, cree haberlo comprendido todo y ser el dueño y señor del mundo, cuando en realidad es únicamente un servidor del mismo.” Shilcars com. 1236.