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Los falsos profetas activan el pensamiento egoico, que se deja llevar por el razonamiento tridimensional y subjetivo. Cuando objetivamos nuestro pensamiento detectamos enseguida al falso profeta. Uno debe reflexionar profundamente y
obtener sus propias conclusiones, y no dejarse llevar por el pensamiento de los demás. Nuestra intuición, nuestro corazón nos indicará quiénes son los falsos profetas y quiénes no lo son.