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En lengua maya faz, rostro, cara. Nombra el 7º paso del camino hacia la realidad de los mundos, dentro del Taller de Psicología Transpersonal dado por Noiwanak en el VII Camino. Con él se indica que al acceder a la realidad de los mundos mostraremos nuestro verdadero rostro, sin las caretas del ego. También ich es el resultado de la transmutación de la micropartícula, que se diluye y se vuelve a conformar en un nivel vibratorio superior, tras el salto cuántico, como le ocurre a la hormiga del “Cuento de la transmutación del ich”. (Noiwanak, TAP 107).
“Cuando se llega al Ich, que en realidad se aborda en cualquier momento, cuando hemos transmutado una gran emoción, un pensamiento positivo, un acto de amor, trabajando el Juul, por ejemplo, con nuestras parejas…, ahí se alcanza un estado que podemos denominar el acceso a la realidad de los mundos. Se llega al Ich.
Mas, ¿qué hay en el Ich? O ¿qué tendría el tseyoriano a su disposición si previamente no hubiese tenido el nombre simbólico, el hilo de oro en el apéndice, la ayuda de los GTI, los Muulasterios, las Casas Tseyor y esa masa crítica alrededor, invisible, que es la del propio Tseyor, pero que tiene ya una fuerza muy grande, muy poderosa? Si no fuese por todo ese bagaje de conocimiento y ayuda colateral bien aplicada, llegaríamos al Ich, como muchos otros y otras han llegado, y no hallaríamos nada.
Porque el Ich es la realidad de los mundos, como he indicado, y la no realidad de los mundos, y esto parece un galimatías, y puede resultar muy difícil de entender por el profano, por el no tseyoriano, por el que nos oye por primera vez hablar del Ich y de la realidad de los mundos.
Sin embargo, no son contradicciones, son verdades absolutas. El Ich, sin todo ese trabajo preliminar, sin esa nave, que gracias a todo este proceso se ha creado, la nave de Tseyor, llegando al Ich, llegando a la transmutación, nos encontraríamos en la nada, no habría absolutamente nada. Porque en el Ich no hay nada, pero está todo.
Por eso, no es incongruente ni es ninguna incongruencia de hecho decir que en el Ich hallamos la nave Tseyor, porque es el vehículo, es la Plataforma, en mayúscula, que nos permite
reconocernos, a modo de espejo. En la nada hemos creado una plataforma para desde allí orientar nuestros pasos y no encontrarnos en la más absoluta oscuridad.
He aquí la importancia del Ich, he aquí la importancia de haber construido los tseyorianos su propia nave Tseyor. Claro, se ha creado plasmáticamente, como toda la Creación, en mayúscula.
Esa nave de plasma puede ser visible aquí, en la 3D y en la adimensionalidad, siempre. Siempre que tengamos la capacidad y posibilidad y preparación adecuada, pero está creada. Y es necesario que haya sido creada, porque como Plataforma nos sirve de puente para acceder a otras realidades.
Porque en la nave Tseyor nos hallamos todos. Y todos, en la nave Tseyor, en unión, en unidad, conformamos un gran potencial, esa gran, y no tan grande, masa crítica que nos asesora, que nos sirve de orientación, que nos guía cuando llegamos al Ich para no perdernos, para no confundirnos, para no llegar a la negación de nosotros mismos, no hallando nada después del Ich.
Son muchos y muchas las personas, los seres humanos, que no han visto nada pasando el umbral del Ich, y no han visto nada, precisamente, por la falta de esa Plataforma a la que me he referido, que para los tseyorianos es la nave de Tseyor. Noiwanak, TAP 168.
Cuando hablamos del _Ich “_para tutelar a todas nuestras réplicas hacia la realidad de los mundos”, nos estamos refiriendo a la unificación de todas nuestras réplicas, porque vamos a iniciar un paso muy importante, que es la unión de las mismas para conseguir de nosotros una mayor comprensión, un mayor equilibrio, un mayor aporte de fuerzas dispersas de nosotros mismos, en diferentes mundos paralelos, y unificamos dichas réplicas y nos sumamos a la misma, para que la cola de la serpiente tenga mucha más fuerza, sea mucho más potente y pueda ayudarnos a elevar nuestra vibración. Shilcars, com. 1132.