Imaginación

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No utilizamos la imaginación, es la imaginación la que nos utiliza a nosotros.
Cuando penetramos en el estado adimensional, en ese mundo creativo en el que nada existe, necesariamente deben formarse unos escenarios para la comprensión. Por ejemplo, imaginemos que vamos a introducirnos en un concepto filosófico y buscamos en ese archivo infinito, en ese Internet adimensional para entendernos, y hallamos un texto. Cocrearemos la forma en que ese texto va a ser revisado por nosotros mismos. Unos lo percibirán como un voluminoso libro con tapas doradas y hojas de pergamino, y otros lo preferirán ver a través de un monitor, y otros a través de la voz del propio filósofo que lo ha creado, o cocreado dicho texto. Así, en el mundo adimensional, la imaginación nos sirve para crear incluso los soportes adecuados para el aprehendimiento de la razón que queremos reconocer.
Hay que diferenciar la imaginación creativa de la imaginación subjetiva. La primera se alimenta del acceso a la adimensionalidad, al sayab del conocimiento, la segunda procede del pensamiento 3D, es la fantasía propiamente dicha, sujeta al intelecto.
Hay que utilizar la mente creativa con equilibrio, con los pies en el suelo y la mirada en el cielo. Si únicamente utilizamos la mirada hacia el cielo, sin apenas mirar la base 3D, fracasamos, erramos.