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“Mensaje cósmico-crístico, pormenoricemos dicho enunciado: mensaje como energía vivificadora, en muchos aspectos; mensaje como comunicación, interrelación entre las personas, los animales… la naturaleza propiamente. Nos mandan mensajes continuamente y nosotros respondemos, de alguna forma también, mandándoles a todos ellos mensajes. A veces son apropiados, justos, y otras inapropiados, injustos, como pueden serlo la contaminación o la animadversión.
En definitiva, se genera una acción y reacción, y todo ello está comprendido en este vocablo: mensaje. Podríamos definirlo también como una parte del beh, simplemente. Este vino vivificador, cuya energía llegará hasta donde tenga que llegar, si se propician los estados adecuados.
Mensaje que podríamos denominar cósmico: el mensaje cósmico. El cosmos como aglutinador de dicho mensaje, y con cuya correspondencia se establece una base en la que depositar dicha energía vivificadora del beh.
El cosmos como sayab, como recipiente en el que se conjugarán dichas energías.
Por tanto, tenemos mensaje cósmico, y por ello beh y sayab. Y si lo trasladamos al lenguaje común o descriptivo de la oración de protección: el vino y el pan.
El pan, sayab, como recipiente y del que se suceden los diferentes canales en los que distribuir el beh, el mensaje.
Y hasta aquí podríamos decir que en el mundo, en el mundo 3D, en el mundo de manifestación, se establece comunión entre mensaje y cosmos, o cosmos y mensaje; entre beh y sayab, o sayab y beh; entre vino y pan, o pan y vino.
Podríamos quedarnos, perfectamente, en esta sintonía, en esa dualidad, en esos dos elementos básicos imprescindibles para la evolución de este mundo 3D. Que propiciaría continuidad, aunque la pregunta o la incógnita radicaría en conocer y saber verdaderamente si la continuidad sería permanente, eterna, o temporal.
Claro, si existen dos elementos, digamos beh y sayab, pan y vino, hombre y mujer…, pero ahí se estanca el mensaje, la comunicación, el recipiente se cierra y se aísla de todo, en un contorno íntimo, individual, la continuidad será más o menos larga, más bien menos larga, y al final terminará desapareciendo, porque le falta o le va a faltar un ingrediente más, que es la cristalización.
Por lo tanto, ahí necesitamos un ingrediente más, necesitamos una tríada, necesitamos que el mensaje cósmico sea crístico, claro que sí, y ya veis hacia dónde van dirigidos mis pensamientos e ideas, para ilustrar una mente entusiasta, como la vuestra, y cien por cien divulgadora, sin esperar nada a cambio.
Faltará la cristificación, faltará la unción, faltará la musicalidad, faltará la continuidad, faltará tseek, en definitiva. Y podremos decir, verdaderamente, que el mensaje cósmico es crístico, porque habrá cristificado un mensaje, que habrá utilizado los conductos adecuados y pertinentes para llegar a la cristificación.
Y entonces, tendremos el Mensaje Cósmico-Crístico.
Esta es la idea que quería trasladaros, aprovechando la oportunidad que me dais de participar en estas lindas convivencias y en esta mesa redonda.
Todo se basa en esta trilogía, en este tres, en la trinidad, todo. Todo funciona bajo este sistema, el uno, el dos y el tres: beh, sayab, tseek, para cristalizar, para cristificar.
Por lo tanto, si queremos motivar la divulgación, si queremos potenciarla, y en este queremos hay mucho de anhelo y poco de deseo, por supuesto, habremos de utilizar estos tres ingredientes, básicamente, lo cual nos viene a indicar que los tres elementos: beh, sayab, tseek, habrán sido experimentados propiamente por todos y cada uno de nosotros”. (Rasbek, TAP 162)