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Nuestro propio infierno, al igual que nuestro cielo, anida en nosotros. Dados los tiempos que corren salir del propio infierno interior es harto difícil, únicamente es posible mediante el equilibrio, la paz interior, la autoobservación, cambiando el rumbo de nuestra vida, aferrándonos a la realidad de nuestra vida, a la unidad.