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El universo manifestado es intermitente, aparece y desaparece continuamente a través de las partículas y subpartículas que lo forman, que se reintegran en los planos virtuales, volviendo a aparecer. Debido a esta propiedad, el cosmos se realimenta energéticamente y puede sostenerse sin que la energía decaiga. En la intermitencia se produce un ser y no ser. Es el biorritmo de la naturaleza toda que se retroalimenta a través del ser y no ser, en esa intermitencia. La intermitencia cuántica afecta también a nuestro ser que a intervalos es y no es. En esta oscilación podemos recuperar nuestra historia y conocimiento, modificar estructuras básicas, arquetipos, mejorar nuestro rendimiento. Con esta intermitencia nuestro pensamiento creativo puede mejorar la rentabilidad de este proceso ergonómico retroalimentario.
Esta intermitencia la utilizan los hermanos del cosmos para procurar la invisibilidad de sus naves y también para teletransportarnos a otros mundos en un instante.
La intermitencia cuántica de las partículas se produce en ciclos de millonésimas de segundo.
“Cuando hablamos de ser significa eso mismo, que se hace presente, que es, que está, por lo que infinitas vibraciones son las que componen el mundo de manifestación por traspaso inequívocamente de la micropartícula, que hace su presencia intermitentemente y, por medio de dicha intermitencia, puede uno, desde el punto de vista del mundo de manifestación, penetrar en el mundo inmanifestado, en la adimensionalidad y viceversa”. Rasbek com. 1242.