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Proceso por el cual el universo se despliega y se aparta de la fuente haciéndose cada vez más material y denso. Cuando llega al punto de máximo alejamiento de la Fuente comienza el proceso de evolución o marcha ascendente al origen. Los ciclos de involución y evolución en el universo son perennes, cuando acaba uno empieza otro, en un proceso sin fin. Pero seguramente los universos que se configuran en cada caso son diferentes e irrepetibles, como lo es cada ser manifestado, siendo idéntico en su origen unitario. De esta forma el Absoluto se retroalimenta, ya que no es posible concebir al Absoluto sin su manifestación.
En el proceso de involución el Absoluto se convierte en la más ínfima partícula que pueda concebirse, dando así una lección de humildad, y se aleja de sí mismo para reencontrarse de nuevo. Este juego de desconocerse y reconocerse implica un cierto riesgo, por eso el Absoluto deja una huella de sí mismo para facilitar el reconocimiento, que es siempre el sentimiento de unidad a través del amor.
El juego de la creación y la destrucción de la ilusión es la manera en que el amor se recrea infinitamente.
Se puede volver al Absoluto por dos caminos: por el camino ascendente de la evolución y también por el camino descendente de la involución. Este último acaba finalmente en el olvido. El primero comprende un recorrido cada vez más amplio y consciente.