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Juzgar es un acto que en sí mismo revela un pobre sentido de la humildad y una postura egoica, al situarse quien lo hace en una posición de superioridad en relación a la persona juzgada. No debemos juzgar a nadie, pues el amor no juzga, sí en cambio comprender a los demás. Los hermanos mayores no juzgan ni nos enseñan a juzgar. Otra cosa distinta es reconocer cualidades o defectos.
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