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“Una imaginaria línea horizontal que va manteniendo su pulso, recto, sin ningún incidente apenas. Esa imaginaria línea horizontal perpetua, en el mundo 3D, que permanece invariable. Siempre y cuando se mantenga una línea de horizontalidad manifiesta. Esto significa que, como referente simbólico de la existencia humana, la psicología de esta especie se mantiene en una línea regular.
Eso nos indica, también, que permanece en ese punto del fractal en el que aún no ha penetrado del todo en el mundo adimensional, en la realidad de los mundos, pero sí orbitando alrededor de ese punto clave.
Y así podría seguir muchos años, eternamente tal vez, teóricamente, claro que sí, cuánticamente también. Sin embargo, tampoco podría llegar a ser así, por cuanto estaría continuamente luchando con unas fuerzas de la entropía que, tarde o temprano, le obligarían a torcerse invariablemente, y apartarse de esa línea horizontal continua.
Así, para que esa línea continua, imaginaria pero del todo real, que representa nuestra existencia aquí en este mundo 3D, se mantenga siempre en un estado óptimo y no desaparezca a través de ese oscuro laberinto que lo conforman nuestras peculiaridades psicológicas, apegos, principalmente el baksaj y un largo etcétera, nos hallaríamos en ese punto en el que necesariamente, cuando se mantiene esa línea horizontal regular, aparece una segunda línea que corta esa horizontalidad, y en ese punto de cruce, ahí, se experimenta una transmutación, transformación al mismo tiempo”. (Rasbek, TAP 173)