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Aparece referido en el “Cuento de Navidad: Mundo de la eterna juventud” (Com. 358). Es un mundo de la eterna felicidad, donde se disfruta de mutua compañía con otras personas, hasta que se recibe la llamada del Pequeño Christian.
“Recordemos que hemos atendido a la llamada del pequeño Christian, y muchos de nosotros estábamos en el mundo de la eterna juventud aburridos, muy aburridos, esta es la verdad. Porque cuando uno está en el mundo de la eterna juventud, quiere decir que no tiene otro lugar donde caerse muerto, y esta es la palabra, no tiene otro lugar porque no se ha ocupado o preocupado debidamente de hallar el significado real de su existencia.
Va a parar a esos mundos de la eterna felicidad, para distraerse un poco, para disfrutar de mutua compañía con otros elementos que están en la misma situación y así, entre todos, compadecerse.
Ahora bien, repito, es un mundo perfecto, maravilloso, hermoso, que no lo es tampoco, porque es real y tampoco lo es. Pero a esos efectos se las ingenia el medio para adornar la situación, haciendo creer al individuo que así está viviendo en un mundo que denominamos de la eterna felicidad, porque no pasa absolutamente nada, porque todo es paz, tranquilidad, hermosos paisajes, todo muy bonito, pero cada día es lo mismo. Cada día el mismo disfrute, cada día la misma forma de distraerse y, al final, acaba uno aburriéndose, tediosamente.
Y es entonces cuando aparece en el horizonte del pensamiento, de ese pensamiento profundo, trascendental, el pequeño Christian, invitándonos a aventuras, aquí y allá y acullá. Porque hay infinitos mundos donde se está progresando, investigando, creando y recreando vida, y es menester asistirlos también.
Cuando esto sucede, cuando esa invitación se hace extensiva a todo un mundo feliz, pero aburrido, uno salta de alegría precisamente por entender que va a pasar a una aventura nueva, recalcitrante, y sin visión de futuro porque se cubre esa existencia de una abiótica que hace imposible conocerlo.
Ahí está la aventura, recorrer mundo. Sabiendo de principio que se va a visitar un nuevo mundo y, estando aburrido, pasar directamente a la acción. Sabiendo, además, que el pensamiento quedará borrado y habrá uno de esforzarse debidamente para sobresalir, para transmutar.
Y la pregunta estriba en
¿transmutar, para qué? Sencillamente, transmutar para elevar la vibración y poder aplicarse verdaderamente en los mundos donde existe el trabajo espiritual. Y no recluidos en un mundo de la eterna felicidad, donde no pasa nada y es todo muy aburrido”. (Melcor, TAP 163)
El Mundo de la eterna juventud se encuentra en la Nave interdimensional de Tseyor, donde nuestras réplicas esperan la llamada del pequeño Christian para incorporarse en un planeta para realizar un trabajo como Promoteos. (Shilcars, com. 1129)