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“Recordad y tened presente también este pensamiento: el reloj de arena, cual embudo o fractal, va permitiendo inexorablemente el paso de cada grano de arena, sin otra limitación que consumir o vaciar uno de los vasos de este componente fractal; cuando se culmine, se habrá terminado.
Eso nos indica que, durante el tiempo que dure ese paso hacia el consumo de ese planteamiento de manifestación, podremos operar, podremos funcionar, podremos instaurar, podremos coordinar, y un largo etcétera, toda una serie de operaciones vinculadas con el conocimiento y el mensaje que nos brinda la filosofía tseyoriana”. Shilcars, TAP 167.