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Shilcars, en el comunicado 549, instituyó el siguiente saludo entre tseyorianos: “Ante la presencia de un hermano vuestro, al saludarle, extenderéis las dos manos hacia él con la intención consciente de que vais a transmitirle toda la esencia creadora que en vosotros se manifiesta amorosamente. Si vuestro hermano hace lo mismo, entonces por supuesto que la conexión, la unidad, el amor está entre ambos, el amor del universo está repartido equitativamente entre las dos partes, y seguidamente un abrazo.
Un abrazo suave, sin palmaditas en la espalda, nada de brusquedad, porque digamos que la esencia, ante un brusco golpe, puede abandonar por milisegundos su habitáculo, y esto es algo que habremos de evitar para que, en su lugar, no penetren otras formas energéticas.
Así que evitaremos la brusquedad. Y sí, el abrazo amoroso entre las dos partes.
Si acaso nuestro interlocutor nos ofrece una sola mano, igualmente nosotros la estrecharemos como muestra de afecto, pero con la otra lo reforzaremos, reforzaremos el vínculo, y así al mismo tiempo nuestra energía se trasladará hacia su componente orgánico, físico y mental.
En el saludo, en este afectuoso saludo de hermandad y de amor, evitaremos que nuestras miradas sean de soslayo, al contrario, propiciaremos la mirada profunda, evitaremos también cualquier impedimento mecánico, como pueden ser las gafas de sol, en este caso privativas de una visión completa y diáfana de la mirada de nuestro hermano.
Con la mirada, a través de nuestra mirada, le observaremos los ojos y le transmitiremos todo nuestro amor. Y en ese instante mismo de contemplación desaparecerá el ego por instantes y, por instantes también, conectaremos con su esencia. Y el mensaje del tseyoriano, del pescador de hombres, habrá fructificado, habrá un encuentro, un entendimiento, una base amorosa en la que nuestro interlocutor entenderá enseguida que se trata de un amigo, un hermano”.