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“En la trascendencia se genera, cual Fuente de conocimiento, toda la creación, manifestada e inmanifestada, y obviamente en dicho conocimiento habrá la verdad y la no verdad, habrá la perfección y la imperfección, en un caos absoluto. Y de ahí podremos transmitir a nosotros mismos el conocimiento, y precisamente por medio de nuestro equilibrio sabremos apreciar la imperfección que pueda existir y obtener de ello conocimiento.
Porque precisamente la razón nos induce a pensar que puede haber imperfección en la perfección, ¡claro que sí!, porque la misma perfección adrede investiga e induce a crear la imperfección precisamente para el despertar.
Y en la vida ordinaria sucede lo mismo, hay errores, hay batallas, hay guerras, hay sufrimiento. Producto también de esa parte en que, de la trascendencia y en la trascendencia, se bebe también el error, la imperfección.
Y el sujeto extrae de la trascendencia esa parte que es afín a él mismo, por cuanto es el no equilibrio de su persona que por afinidad atrapa, atrae ante sí la imperfección de la trascendencia, asumiéndola y accionando a través de ella la imperfección, aquí, en esta vida ordinaria.
Aunque en definitiva todo es un teatro, es una figura esta la del promotor de la imperfección, del desequilibrio, precisamente para que prestemos atención y podamos, aquí y ahora, gracias a dicha imperfección, obtener como conclusión qué es lo que en realidad no nos interesa asumir.
Sin embargo, con la desconfianza propia, con la no creencia, con una base imperfecta, existe también el peligro de contagio. Y el sujeto en desequilibrio, aunque sea inconscientemente, atrapará ante sí y para sí, y lo asumirá, la propia imperfección, y como afín a la misma actuará de la misma forma.
Así que únicamente es posible, en este mundo trascendente, entrar en el mismo con la debida objetividad, eso es, con el debido equilibrio. Por eso se pide precaución, se pide paciencia, se pide constancia, curiosidad y mucha bondad, porque en la trascendencia beberemos de todo, porque en la misma se halla todo, pero con nuestra objetividad, nuestra bondad, nuestro amor por nosotros mismos y por los demás, con nuestra entrega sin esperar nada a cambio, sabremos escoger aquello que realmente interesa en este proceso evolutivo.
Por lo tanto, la evolución estará en saber distinguir verdaderamente lo bueno de lo no tan bueno, aunque en la trascendencia esté todo revuelto.” Shilcars com. 1188.