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La vocación que nos lleva al sendero espiritual nace de un sentimiento muy profundo, no puede ni debe ser inculcada, pues entonces no sería una auténtica vocación.
La vocación viene por muchos caminos, tal vez infinitos caminos. Puede surgir de una llamada, de una enfermedad, de una depresión, de un estado de éxtasis profundo.
También puede llegarse a ella por retroalimentación, por transmisión de pensamientos. (Noiwanak, C. 950)