Ego

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Consciencia tridimensional de nosotros mismos como personas que vivimos y tenemos experiencias. El ego no es una entidad energética, sino que se conforma en el momento en que nos encarnamos en los planos tridimensionales. El ego en nuestra actual fase evolutiva se comporta de forma muy territorial, estableciendo dualidades, siempre celoso de lo propio. A veces se deja llevar por el temor y la desconfianza, y se arma de toda clase de tretas para evitar que descubramos nuestra auténtica realidad, pues en ello teme una pérdida para sí mismo. Pero el ego puede transmutarse a una consciencia más elevada y comprensiva, que no se fundamente en el miedo sino en el amor, en este caso se habrá producido el salto evolutivo que necesitamos. Este paso es lo que muchas escuelas denominan “la muerte del ego” por haber quedado inhabilitada la estructura antigua, al pasar a otra nueva. No se trata, pues, de que el ego desaparezca, lo cual no es posible mientras estemos encarnados, sino de que se transforme en un cooperador activo del espíritu.
Como dice Shilcars: “El ego también forma parte de ese todo, porque en él también se encuentra el Absoluto, porque el Absoluto también se encuentra en la disfunción, en las tinieblas, en la ignorancia, porque el Absoluto es todo”.
Cuando el ego transmuta a la comprensión se rinde y se convierte en un leal servidor de la consciencia, es lo que se llama la anuencia de apegos.
“El ego está trabajando desesperadamente por adoctrinar, por sensibilizar a esa masa, según él gris, amorfa y utiliza todos los medios a su alcance. Es tanta la inquietud, ese miedo ancestral que tiene, vamos a globalizarlo como ego, ante el cambio que se avecina, que su única preocupación es que nada se mueva y lo haga a través del miedo.
Y en muchas partes lo está consiguiendo, pero el tseyoriano auténtico, que ha bebido de las fuentes de la adimensionalidad, que día a día está llenando su corazón de júbilo, por entregar sin esperar nada a cambio, con este tipo de personaje el ego no va
a poder. Esto es así, y lo veréis.” Rasbek com. 1227.