Parásitos mentales

Parásitos mentales

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Entidades y energías que se existiendo en las infradimensiones tratan de introducirse en el interior de nuestro cuerpo y de nuestra mente, para alimentarse de nuestra energía y dirigir nuestros pensamientos en su beneficio.
“(…) existe verdaderamente un peligro, y es el de que cuando el
individuo se da cuenta de que su trabajo es la espiritualidad y su objetivo es la parte espiritual, el propio reconocimiento, ahí entra en juego una serie de energías, energías de los inframundos. Esas energías precisamente están muy alertas de todos aquellos individuos que acceden al trabajo espiritual, porque se separan del común denominador de esa masa gris amorfa y despuntan hacia un proceso del despertar de la consciencia.
Y ahí, esos elementos significan para el propio individuo que quiere y anhela, esta es la palabra adecuada, empezar el trabajo del despertar de la consciencia, el peligro.
El peligro es que, como va a utilizar herramientas de meditación, de interiorización y por qué no también, el más importante de todos que es el trabajo con el Juul, esos elementos de las infradimensiones perciben que existe un movimiento que tal vez pueda liberarlos de su infierno, si puede denominarse así.
Y se aproximan al individuo como elementos depredadores, por si la ocasión permite establecer un contacto más directo, más profundo. Y para ello utilizan una serie de trabajos que entienden son propicios para la intromisión en elementos que están llevando una tarea espiritual y, por lo tanto ellos, los depredadores, cabalgar dentro de este proceso.
Esos elementos no tienen forma, son pensamientos y cuando el individuo va despertando consciencia percibe que a su alrededor pululan infinidad de ellos, lo que podemos denominar parásitos. Parásitos mentales que están al acecho para caer sobre su presa, dominarla, controlarla y hacer de ella a su antojo y voluntad, que en el fondo es el deseo.
Esos elementos no tienen forma concreta, pero nuestra consciencia en estado de alerta, cual vigía en tiempo de guerra, los percibe y no son nada agradables sus formas, porque en realidad lo que son es fealdad absoluta.
Y el individuo, cuando va despertando, se da cuenta de todo lo que le rodea, y al verse rodeado por dichos elementos, al comprobar que existen en su pensamiento, es capaz de ordenarles que desaparezcan, porque los detecta.
Y cuando esos elementos son detectados, desaparecen con la cola entre piernas, porque se dan cuenta de que han sido percibidos.
Así que la fealdad no existe en el ser humano, ni en los animales ni en la propia naturaleza, ni en todo el macrocosmos ni microcosmos, la fealdad existe únicamente en la maldad. Esos elementos, como digo, son feos de verdad. Imaginad un aspecto desagradable y este pensamiento aún se os quedará corto.
¿Cómo vencer a esos elementos? No disolviéndolos, pero sí separándolos a una distancia prudencial y que se pierdan en las infradimensiones, que es de donde proceden dichos
pensamientos. Es utilizando el mantra baksaj cuando se perciban esos elementos indeseables, y esta es la palabra, y no tanto por feos, sino porque son elementos que pueden llegar a controlar al individuo y hundirlo definitivamente en un mar de confusión. Cuando se divisan, se detectan y se observan a nuestro alrededor, querrá decir que vamos despertando consciencia y la herramienta adecuada para neutralizarlos es la pronunciación de baksaj por tres veces, indicándoles que ahí no deben estar, que han de desaparecer.” Rasbek, com. 1210.