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“Esto es importante verdaderamente, conocernos. Pero para conocernos verdaderamente habremos de investigar en el interior de nuestro pensamiento. Investigar profundamente las causas por las que nos encontramos aquí.
El porqué estamos aquí, de dónde hemos venido, hacia dónde vamos. Estas son preguntas básicas que debe hacerse todo aquel o aquella que aspire a un reconocimiento propio.
Fijaros que me estoy refiriendo a un reconocimiento propio, porque para conocer a los demás, previamente uno ha de reconocerse a sí mismo. Y conociéndose a sí mismo, y muy especialmente sus debilidades, sus apegos, sus influencias que recibe del medio, con las que actúa y acciona y lleva a cabo sus actividades diarias, con ese reconocimiento de sí mismo, el hombre y la mujer pueden llegar a conocer a la sociedad en la que viven.
Y cuando una sociedad se conoce a sí misma, cuando los seres humanos no son esos desconocidos que se cruzan cada día por la acera, o esos vecinos que viven en un mismo lugar, en la misma calle, y apenas se conocen o se saludan, cuando todo eso se cambia, y los hombres y las mujeres van por la calle y se reconocen todos, en el sentido de que no hay extraños, de que en sus rostros siempre figura una amplia sonrisa, de que su andar es tranquilo, apacible, cuando sus vidas, aparte del laborar para el mantenimiento propio y el de sus familias, las dedican también a la creatividad, al estudio, a la investigación del pensamiento trascendental, cuando el hombre y la mujer llegan a este punto, quiere decir que están en el camino correcto para finalmente ingresar, de pleno derecho, en las sociedades armónicas”. Shilcars, com. 1126.