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Muchos de los atlantes del planeta Tierra vinimos de las estrellas, traídos por las naves de la Confederación, en distintas épocas y momentos, para realizar un camino de desarrollo y evolución. Aunque estos orígenes se nos hayan olvidado intelectualmente, persisten en nuestros cromosomas y ADN.
Algunos atlantes han venido aquí en misión de ayuda, para mantener la llama viva de la espiritualidad. Después de su trabajo, y tras la llegada del rayo sincronizador, podrán elegir entre regresar a sus mundos de origen o
continuar aquí trabajando para la humanidad que no haya ascendido vibratoriamente y que seguirá necesitando de ayuda. Esta nueva permanencia supondrá un gran sacrificio.
Estas misiones de ayuda, incorporándonos a una humanidad en proceso de despertar, suponen un sacrificio y un gran riesgo de quedar atrapados y sucumbir. Pero el cosmos devuelve todo multiplicado, cuando la entrega ha sido abierta, franca y noble.