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Proceso por el cual un sistema recibe información de los efectos que produce, y esta información modifica en un sentido u otro el funcionamiento del sistema. Por ejemplo, al hablar nos escuchamos también nosotros mismos y mediante esta autoescucha ejercemos un control sobre lo que decimos, la intensidad y el volumen de la voz, y realizamos una valoración de nuestra habla. Si no nos escucháramos estaríamos inseguros de lo que decimos y esta inseguridad restaría eficacia al hablar.
En un sentido más amplio, la retroalimentación nos permite comprobar los efectos de nuestras acciones y mediante esta podemos mejorarlas.
Se dice que el Absoluto se retroalimenta a través de su manifestación, ya que mediante ella aprecia sus propiedades y posibilidades. El Absoluto limitado a sí mismo, sin medio de parangón decaería o se inmovilizaría. Por tanto el Absoluto se acompaña siempre de su manifestación y en ella se reconoce.
La retroalimentación también se produce en la hermandad grupal, cuando compartimos nuestras vivencias y experiencias, pues las energías de todos elevan la vibración de cada uno y a su vez las de cada uno contribuye a elevar la de todos.
De este modo, la autorrealización contribuye a la retroalimentación.
Retroalimentación es estar en la misma onda vibracional que el conjunto y ser completamente afines.
“(…) la retroalimentación no únicamente se centra en nuestros contertulios, en nuestros amigos y amigas, y hermanos y hermanas, sino en nosotros mismos, porque nosotros mismos tutelamos a nuestras propias réplicas hacia la realidad de los mundos.” Noiwanak com. 1184.