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“La micropartícula está en todas partes, y todos formamos la micropartícula. Por lo tanto, cuando esa micropartícula genera energía, y esa energía se condensa, se convierte en un maremágnum de comportamientos psicológicos y mentales. Eso es, somos.
Y ahora podríamos convenir en que la parte del no somos ¿dónde estará?, ¿dónde se encontrará, en qué lugar se hallará esa parte de nosotros en la que no somos? Pues evidentemente en el desapego total de la materia, esa conformación atómica que imaginariamente nos da una apariencia, por ser una energía muy densa, de la cual podemos tener la impresión incluso de tocar, acariciar, disfrutar.
Y así en todo, no solamente en nuestro cuerpo atómico, sino en todo lo que en apariencia nos rodea. Por lo tanto, añadimos también que todo lo que nos rodea somos nosotros, porque está compuesto de micropartículas, de partículas que son y no son, pero que dan la apariencia de ser.
Por lo tanto, todo el universo visible somos nosotros y todos estamos en todos, aunque sabiamente dispersos, separados, para poder retroalimentarnos. Una retroalimentación inteligente, sabiamente diseñada”. (Shilcars, TAP 128)