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Pueblo ancestral de América, que alcanzaron un gran nivel de conocimientos, sabiduría y espiritualidad, pero después decayeron, al intelectualizar su conocimiento y someterlos al pensamiento subjetivo.
En su etapa de esplendor podían extrapolarse con facilidad y beber del manantial del conocimiento objetivo, que ellos llamaban metafóricamente, simbólicamente, sayab. Esta manantial podían incluso verlo reflejado en los pozos de agua, en cuya superficie podrían verse a sí mismos, adivinar el futuro y crear formas artísticas. Se
aplicaron mucho en la imaginación creativa estimulando las zonas neuronales del arte, acostumbrados como estaban al trabajo de exploración por medio de la imagen.
Pero más tarde intelectualizaron este proceso, llegando a la conclusión de que únicamente se puede avanzar sabiendo, y todo lo traducían en esquemas lógicos de pensamiento. Así pasaron de usar la imaginación creativa a la imaginación subjetiva, a la fantasía. En su proceso de autodestrucción cometieron cosas abominables, en la creencia que todo era posible si en su imaginación aparecía tal información, tal conjetura, tal experimentación.
Llegaron a un punto en que ya no sabían distinguir lo que estaba situado en la línea horizontal o perpendicular. Todo lo consideraron paralelo, todo servía, incluso el propio sacrificio servía para llegar al manantial de sabiduría, de conocimiento y de pensamiento completo. (Noiwanak, C. 949)